lunes, 28 de abril de 2014

Seguir siendo fiel


Miraba la llamita roja que ardía en aquella soledad del Sagrario. Estábamos solos. Él y yo.
Oía su voz y me dejé amar por Él. Era el único que podía escucharme, comprenderme y ayudarme. Estaba a mi lado y lo amé hasta no poder más.
Me sentí nueva, renovada por ese nuevo bautismo, y la fe y la esperanza volvieron a crecer dentro de mí como la planta más sana recobrando la alegría perdida.
Me dejé abrazar abriéndole mi alma y le dije, agarrándome fuertemente a Él, que quería estar siempre atenta a su llamada para no perderme; que quería serle fiel hasta en los más pequeños detalles; responderle cada vez que me llamase, meditar y profundizar en ese fatídico viernes donde encontró la muerte para no olvidarme jamás de Él. Que sería su más fiel seguidora.
Ya, con mi Señor vivo, allí en solitario, cualquier instante se me volvía oración para acompañarle en aquella soledad del sagrario y siempre.
En ese rinconcito sombrío del altar estaba con Él a solas, de rodillas, a sus pies, para reconocer mi pequeñez, para buscar su mirada, su perdón...y decirle que le amaba aunque fuese con la insignificancia de mi humilde corazón.

+Capuchino de Silos