sábado, 8 de febrero de 2014

Lloró y llora Sevilla




Ayer fue  un día muy especial para mí por muchas razones.
Amaneció precioso, de alegría inmensa, de alegría radiante.
El sol encendía la ciudad y las frutas naranjas de los árboles amargos, se agitaban al compás del viento haciendo que sus hojas verdes bailaran brillantes por la lluvia caída del día anterior.
Pero la alegría, la placidez y la calma no podían durar.
De repente todo enmudeció y llegó el dolor que nos temíamos. Llegó sigiloso y mudo, hasta la misma médula del corazón: nos enterábamos del fallecimiento de nuestro muy querido y buen amigo Paco del Prado.
Hoy, el cielo de Sevilla llora su muerte y nosotros también. ¡Lo queríamos muchísimo!
Y Sevilla sigue llorando y nosotros también, pero sabiendo que el Cielo lo ha recibido con los brazos abiertos. 

+Capuchino de Silos