viernes, 29 de noviembre de 2013

Pablo VI y el diablo


« ¿Cómo se ha podido llegar a esta situación?»
Ésta es la pregunta que se hacía el Papa Pablo VI, algunos años después de la clausura del Concilio Vaticano II, a la vista de los acontecimientos que sacudían a la Iglesia. «Se creía que, después del Concilio, el sol habría brillado sobre la historia de la Iglesia. Pero en lugar del sol, han aparecido las nubes, la tempestad, las tinieblas, la incertidumbre. »
Sí, ¿cómo se ha podido llegar a esta situación?
La respuesta de Pablo VI es clara y neta: «Una potencia hostil ha intervenido. Su nombre es el diablo, ese ser misterioso del que San Pedro habla en su primera Carta. ¿Cuántas veces, en el Evangelio, Cristo nos habla de este enemigo de los hombres?». Y el Papa precisa: «Nosotros creemos que un ser preternatural ha venido al mundo precisamente para turbar la paz, para ahogar los frutos del Concilio ecuménico, y para impedir a la Iglesia cantar su alegría por haber retomado plenamente conciencia de ella misma».
Para decirlo brevemente, Pablo VI tenía la sensación de que «el humo de Satanás ha entrado por alguna fisura en el templo de Dios».
Así se expresaba Pablo VI sobre la crisis de la Iglesia el 29 de junio de 1972, noveno aniversario de su coronación. Algunos periódicos se mostraron sorprendidos por la declaración del Papa sobre la presencia de Satanás en la Iglesia. Otros periódicos se escandalizaron. ¿No estaba Pablo VI exhumando creencias medievales que se creían olvidadas para siempre? 
...continuará


+G. Hubert





sábado, 23 de noviembre de 2013

La ley de la naturaleza humana


Todo el mundo ha escuchado peleas. A veces suena divertido y otras, simplemente desagradable; pero no importa cómo suene, creo que podemos aprender algo muy importante del tipo de cosas que se dicen las personas en esas ocasiones. Cosas como: “¿Qué te parecería si alguien te hiciera lo mismo?” “Ese es mi asiento, yo estaba aquí primero”. “Déjalo, no te está haciendo ningún daño”. “¿Por qué te vas a meter tú primero?” “Dame un pedazo de tu naranja, yo te di un pedazo de la mía”. “Vamos, me lo prometiste”. La gente -instruida y no instruida,  niño y adulto- dice ese tipo de cosas todos los días.

Ahora bien, lo que me interesa en todas esas observaciones es que la persona que las hace no está simplemente diciendo que el comportamiento del otro no llega a agradarle. Está apelando a cierto tipo de norma de comportamiento que supone que el otro conoce. Y la otra persona muy raramente replica: “Al diablo con tu norma”. Casi siempre trata de demostrar que lo que ha estado haciendo en realidad no va contra la norma o que, si lo hace, hay una excusa especial para ello. Pretende que hay alguna razón especial en este caso particular para que la persona que cogió primero el asiento no deba quedarse con él, o que las cosas eran muy diferentes cuando a él le dieron el trozo de naranja, o que algo ha sucedido que le permite romper su promesa. De hecho, es como si ambas partes tuvieran en mente algún tipo de Ley o Regla de juego limpio, o de comportamiento decente, o de moral, o como quieran llamarlo, en torno a la cual realmente estuvieran de acuerdo. Y la tienen. Si no la tuvieran, podrían, por supuesto, pelear como animales, pero no podrían disputar en el sentido humano de la palabra. Disputar significa tratar de demostrar que el otro está equivocado, y no tendría sentido intentarlo a no ser que ambos estén de alguna manera de acuerdo en lo que es el Bien y el Mal, tal como no tendría sentido decir que un jugador de fútbol ha cometido una falta si no hubiera algún acuerdo sobre las reglas del fútbol.

Ahora, esta Ley o Regla sobre el Bien y el Mal se solía llamar la Ley Natural. Actualmente, cuando hablamos de las “leyes naturales”, en general nos referimos a cosas como la fuerza de gravedad, o la herencia, o las leyes químicas. Pero cuando los antiguos pensadores llamaban a la Ley del Bien y del Mal “la Ley Natural”, lo que realmente querían decir es la Ley de la Naturaleza Humana. La idea era que, tal como todos los cuerpos obedecen a la ley de gravedad, y los organismos a las leyes biológicas, la criatura llamada hombre también tenía su ley. Pero con esta gran diferencia: que un cuerpo no podía elegir si obedecer la ley de gravedad o no hacerlo; en cambio, un hombre podía elegir ya sea obedecer la Ley de la Naturaleza Humana, o desobedecerla. 


+C.S. Lewis 



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viernes, 22 de noviembre de 2013

Flores en la ventana



Toda la naturaleza está perfectamente planteada, dibujada y modelada para que podamos gozar de ella y nos sirva de recreo. Llega a tal grado su perfección que no tiene límites; hasta en las cosas más diminutas, más invisibles, más etéreas; aquellas que se nos escapan, aquellas que ni siquiera apreciamos, aquellas que no se ven, pero que existen, que están; y están aún estando ocultísimas.

En todas las cosas creadas en el universo hay orden, belleza, equilibrio; tanta, que a veces nos supera y nos sorprende. Todo, absolutamente todo lo creado, está dispuesto con un amor infinito y prodigioso. Hasta el ser humano ha sido dotado de cualidades para que, curiosamente, cuando el amor lo considere, el resultado pueda dotar de hermosura cuanto haga aunque fuese sin ese alto grado de perfección celestial: quedaría dispuesto, automáticamente, porque sería la voluntad y el amor, sobre todas las cosas, la que dominaría la fantasía según le viniese en gana.

+Capuchino de Silos

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domingo, 17 de noviembre de 2013

Masa para empanada







Masa de empanada (Thermomix)

INGREDIENTES 

150 g de aceite de oliva.

150 g de agua. 

350 g de harina.

1 cucharadita de sal.



PREPARACIÓN

Poner el aceite en el vaso 2 minutos, temperatura 100º, velocidad 2

Agregar todos los ingredientes a 20 segundos, velocidad 6.

La masa queda lista para rellenar. 

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lunes, 11 de noviembre de 2013

El hombre que cualquier mujer quiere tener



Hoy he querido detenerme en el hombre. En particular, en ese hombre de  mirada limpia que sólo mira hacia dentro; que sabe lo que quiere; que sin cesar busca lo que tiene en su interior porque sus ojos sólo los tiene fijos allí, muy celosamente guardado.   
Es ese hombre que hasta cuando se enfada te atrae y te embelesa. Es ese hombre que con esa ternura reservada te enseña muy discretamente cómo puedes ir mejorando cada día.
Es ese hombre que pasando a su lado largas horas, días, años, nada en él te aburre o te disgusta. Todo lo contrario.
Es ese hombre que te hace reír, te hace  llorar, pero que, a su vez, te llena de cariño; que hace que puedas sacar de raíz todo lo que no te lleve a ser sencillamente amable, dulce y amorosa.
Es ese hombre que te enamora en todo momento y  aunque no te lleve al cine, ni te lleve a bailar, ni te compre preciosas joyas y no te diga nunca que te quiere, sabes que, sólo tú eres la dueña de su corazón.


+Capuchino de Silos

 http://www.capuchinodesilo.blogspot.com.es/view/flipcard 


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