sábado, 23 de noviembre de 2013

La ley de la naturaleza humana


Todo el mundo ha escuchado peleas. A veces suena divertido y otras, simplemente desagradable; pero no importa cómo suene, creo que podemos aprender algo muy importante del tipo de cosas que se dicen las personas en esas ocasiones. Cosas como: “¿Qué te parecería si alguien te hiciera lo mismo?” “Ese es mi asiento, yo estaba aquí primero”. “Déjalo, no te está haciendo ningún daño”. “¿Por qué te vas a meter tú primero?” “Dame un pedazo de tu naranja, yo te di un pedazo de la mía”. “Vamos, me lo prometiste”. La gente -instruida y no instruida,  niño y adulto- dice ese tipo de cosas todos los días.

Ahora bien, lo que me interesa en todas esas observaciones es que la persona que las hace no está simplemente diciendo que el comportamiento del otro no llega a agradarle. Está apelando a cierto tipo de norma de comportamiento que supone que el otro conoce. Y la otra persona muy raramente replica: “Al diablo con tu norma”. Casi siempre trata de demostrar que lo que ha estado haciendo en realidad no va contra la norma o que, si lo hace, hay una excusa especial para ello. Pretende que hay alguna razón especial en este caso particular para que la persona que cogió primero el asiento no deba quedarse con él, o que las cosas eran muy diferentes cuando a él le dieron el trozo de naranja, o que algo ha sucedido que le permite romper su promesa. De hecho, es como si ambas partes tuvieran en mente algún tipo de Ley o Regla de juego limpio, o de comportamiento decente, o de moral, o como quieran llamarlo, en torno a la cual realmente estuvieran de acuerdo. Y la tienen. Si no la tuvieran, podrían, por supuesto, pelear como animales, pero no podrían disputar en el sentido humano de la palabra. Disputar significa tratar de demostrar que el otro está equivocado, y no tendría sentido intentarlo a no ser que ambos estén de alguna manera de acuerdo en lo que es el Bien y el Mal, tal como no tendría sentido decir que un jugador de fútbol ha cometido una falta si no hubiera algún acuerdo sobre las reglas del fútbol.

Ahora, esta Ley o Regla sobre el Bien y el Mal se solía llamar la Ley Natural. Actualmente, cuando hablamos de las “leyes naturales”, en general nos referimos a cosas como la fuerza de gravedad, o la herencia, o las leyes químicas. Pero cuando los antiguos pensadores llamaban a la Ley del Bien y del Mal “la Ley Natural”, lo que realmente querían decir es la Ley de la Naturaleza Humana. La idea era que, tal como todos los cuerpos obedecen a la ley de gravedad, y los organismos a las leyes biológicas, la criatura llamada hombre también tenía su ley. Pero con esta gran diferencia: que un cuerpo no podía elegir si obedecer la ley de gravedad o no hacerlo; en cambio, un hombre podía elegir ya sea obedecer la Ley de la Naturaleza Humana, o desobedecerla. 


+C.S. Lewis 



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