martes, 15 de octubre de 2013

La última hoja



El consejo de no hacer más hojas lo recibí como lo más conveniente. Suelo ser muy obediente ante cualquier mandato, siempre que sea coherente. Y este parecía serlo. Me parece que ni siquiera le pregunté por qué había que dejar de hacerlas; no lo recuerdo. 
La última hoja que hice la entregué ésta misma mañana. Fue hecha mucho antes de aquel suceso, así que la puse en manos de aquella madre, que rezaba aparentemente tranquila.
Era la última hoja... pero no me importaba en absoluto desprenderme de ella. La hice expresamente pensando en/y para su hijo. El Señor lo había elegido, y yo, mientras tanto, le rogaba, le pedía y le sugería que no lo apartara de su familia.

Al depositarla en manos de su madre, mi pulso latía fuertemente y le di un beso que ella agradeció.

En el aire flotaba el aroma de cada uno de nuestros silenciosos rezos que llegaban al mismísimo cielo desde aquella pequeña capilla llena de  muchísima ternura y amor.

De repente recordé que era el día de Santa Teresa y pensé un momento en lo que decía ella: “La oración no es problema de hablar o de sentir, sino de amar. Y se ama, esforzándose en intentar decir algo al Señor, aunque no se diga nada”

Era exactamente eso.
+Capuchino de Silos



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