lunes, 14 de octubre de 2013

Con sol radiante




Me pregunto si el hombre del tiempo debe confesar sus mentiras.

El otro día aseguraba que, a primeros de semana, el frio llegaría y la lluvia regaría la tierra con sus primeras gotas. Pues nada de nada. El sol brilla más que nunca a mi lado y la tapia blanca del jardín pinta gloriosa limpia y lúcida. Es un sol, del sol.

Ya al atardecer irá cambiando ese color y se volverá zafiro de Inmaculada pura de inigualable belleza, y las pequeñitas flores blancas del jazmín, con el estirón que ha dado en verano, irán dejando su delicado aroma contrastando con el azul de la sombra.

Empiezo a imaginar el final; el principio del final del día con ese color y olor que emborracha. Ya lo voy viendo y oliendo. Sólo de un modo imaginario y artístico como para pintar un cuadro que hable de yerba, de cielo, de azul, de tarde sin frio y sin lluvia que pueda despintar mi ropa.

Mi imaginación se rasga como el cielo cuando llueve, pero hoy permanece devota al precioso día.

Cuando llegue la tarde me sentaré en el banco de piedra donde florecen los plumbagos y las glicinias con la misma calma de sus flores y, como siempre, quedaré ensimismada por el misterio que cada día nos envuelve.

+Capuchino de Silos


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