lunes, 5 de agosto de 2013

Nada es casual

Santa María la Mayor de Roma


El día 5 de julio caía en mis manos un precioso libro que voy leyendo cada día meditándolo. En su interior, casi en el centro del libro había una estampa de la Virgen y fueron sus páginas las primeras que leí en ese mismo momento.
Hoy, 5 de agosto, en el día de la Virgen, casualmente un mes más tarde, también Ella me trae hasta aquí (hasta este crítico instante no he tenido internet) para que escriba lo que en aquellas páginas leí referente a la santa quietud en sus diversos grados, para decir, entre muchos bellos pensamientos, que algunas veces el alma “ni oye ni habla a su Amado, ni advierte señal ninguna de su presencia...



 ...Tomemos aún, la libertad de imaginarnos el siguiente caso. Si un escultor hubiese colocado en la galería de un gran príncipe una estatua, la cual estuviese dotada de entendimiento, y supiese hablar y discurrir, y se le preguntara: Oh hermosa estatua dime, ¿por qué estás tú en este lugar?, respondería: Porque mi dueño me ha colocado aquí. Y si se replicase: Pero ¿por qué estás tú sin hacer nada?, diría: Porque mi dueño no me ha colocado para que hiciese cosa alguna, sino solamente para que estuviese aquí inmóvil. Y si de nuevo se la instase, diciendo: Pero, oh pobre estatua, ¿de qué te sirve estar de este modo? ¡Oh Dios!, respondería, yo no estoy aquí para mi interés o servicio, sino para obedecer y servir a la voluntad de mi señor y escultor, y esto me basta. Y si se volviese a insistir de esta manera: Dime, pues, oh estatua, ruégote, tú no ves a tu señor, ¿cómo pues, recibes contento con contentarle? No, ciertamente, confesaría ella; yo no le veo, porque tengo ojos, mas no para ver; tengo pies, mas no para caminar; pero gozo con saber que mi amado dueño me ve aquí y toma placer en verme en este sitio.

Y si todavía se continuara la disputa con la estatua y se la dijese: Pero ¿no querrías tú gozar de movimiento, para aproximarte al artífice que te ha hecho, a fin de hacerle algún otro mejor servicio? Sin duda, contestaría negativamente y protestaría que no quería hacer ninguna otra cosa sino lo que su dueño quisiese.- ¿Qué pues? Se concluiría, ¿luego tú no deseas nada sino ser estatua y permanecer inmóvil en esa hueca hornacina? Así es, en efecto, diría finalmente esta Y es que la naturaleza es así: generosa, caprichosa, se sabe bella, llena de color, muy femenina y sobretodo sabia pues posee toda la sabiduría de la que le ha dotado Dios Creador. Estatua; yo no quiero ser nada sino estatua, y estar siempre dentro de esta hornacina hasta que mi escultor quiera, contentándome con estar aquí y de este modo, puesto que éste es el contento de aquel para quien soy y por quién soy lo que soy”
Si Ella estaba en aquellas páginas no era casual. Lo aseguro.



+Capuchino de Silos


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