jueves, 22 de agosto de 2013

El revolotear de la abeja





“La abeja va revoloteando acá y allá entre las flores por la primavera, no a la ventura, sino con un designio fijo, no para recrearse solamente viendo la alegre variedad del campo, sino para buscar la miel; y encontrando las flores oportunas, extrae su jugo y se carga de él, y después llevándose a la colmena con gran arte, separando de él la cera y formando con ella el panal, en el que guarda la miel para el invierno siguiente. Así el alma devota, en la meditación, va de misterio en misterio, no al vuelo y para consolarse solamente en ver la hermosura admirable de las cosas divinas, sino detenidamente y de intento, para encontrar motivos de amor o de algún afecto santo, y, encontrándolo, lo atrae a sí, lo saborea, se carga de él, y colocándolo dentro de su corazón, separa lo que conoce ser más propio para su adelantamiento, haciendo finalmente resoluciones convenientes para el tiempo de la tentación”



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