jueves, 27 de junio de 2013

Sin preparación



Ese rezo inesperado y repentino llega como una mariposa temblorosa y asustadiza. Es el alma quien pone voz, ayudada por esa gracia divina que nunca falta... y se hace ángel, impulsada por las alas de la fe que guarda para sí celosamente... y sin soñar, la felicidad de ese momento la alcanza con la mano... y así, va enlazando el rezo, el sueño, el ruego.
Señor, te doy gracias porque te quiero, por este rezo, por este sueño, por este ruego.
Así, hasta morir, quiero.

+Capuchino de Silos

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