viernes, 12 de abril de 2013

Mil gracias




Disfruté como una chiquilla cuando me dijo que lo había encontrado.
Llegaba a mis manos de nuevo uno de los libros que  influyeron en mi niñez para enamorarme del Amor. Ese Amor que, cada día, se iba haciendo más grande y hacía brillar el alma de una cría.
Me sentí felicísima cuando lo pude tener de nuevo entre mis manos para siempre. ¡Podía comprarlo! No me lo podía creer, y hablé para mis adentros de cómo, entonces, me llenaba de ternura, de devoción infantil cuando, pudiéndolo sacar de la biblioteca porque sacaba buena nota en religión, me lo llevaba a casa para leerlo.
Sus pastas eran exactamente las mismas de aquel libro que leí en aquellos años infantiles, cuando estaba en el colegio. Cartón duro, de color celeste aturquesado, un niño sonriente y feliz en la portada, El protagonista: “Dito”, un “corazón transparente” a su izquierda, como el corazón al que yo quería imitar. Su autor: José A. de Sobrino, jesuita de los de entonces.  Su título, “Corazón de cristal” en rojo, como su lomo.
He comenzado ya a leerlo y ¡qué alegría!; vuelve el mismo entusiasmo, el mismo fervor, la misma piedad de entonces al conocer el alma de aquel chiquillo. Habían pasado los años  pero ese Amor que nació un día en el corazón de aquella niña, había aumentado con el paso del tiempo, y de qué manera.

Mil gracias, David. Así se llama el joven que me lo ha buscado. Tengo que pagártelo.
Mil gracias por traerme el libro que tantas veces quise volver a leer; gracias porque me hacen vivir aquellos felices años de colegio y sentir el más precioso Amor que, como entonces, sigue aumentando.

Y es que aquella niña que fue, sigue dentro de mí a pesar de los años.

+Capuchino de Silos


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