sábado, 6 de abril de 2013

Luz en el interior



Él vive, está ahí, hay luz. Luz que es gracia para que la vida tenga valor las veinticuatro horas del día.
Allí llega el gozo y la alegría con sólo entrar en el interior. Es allí, en esa habitación espiritual, donde encuentro la paz y las fuerzas que necesito. Y cuando entro, cierro delicadamente todas las puertas para poder estar a solas y que nadie pueda entrar, pues lo único que busco es esa intimidad en medio de tanto  ruido; porque es allí donde puedo hablar serena y mansamente sin que nadie pueda molestarme.
En este lugar, y en cualquier momento del día, con esa suave y delicada luz, es donde se encuentra paciente esperándome siempre.
Es el mismo que se les aparece a sus discípulos después de su muerte. Es el mismo que me ve, que me conoce, que sabe mi nombre... Es el mismo al que le puedo contar todo lo que me inquieta, todo lo que me ilusiona y que hasta me puede ayudar a superar cualquier problema por difícil que éste sea.
En ésta cita nunca pongo límite de tiempo al tiempo porque es el lugar tranquilo y sereno donde le puedo hablar con entera naturalidad.
Es allí donde quiere que le abra el corazón, que le hable y que disfrute con su trato.
Es allí donde aprendo a amarlo.
Es allí donde prendo la velita para que no desaparezca esa luz y esa gracia... y es allí donde le digo que le quiero y que cuente conmigo en todo momento.

+Capuchino de Silos


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