jueves, 14 de febrero de 2013

Que cada día tome su cruz y me siga





"Salve, cruz vivificante, trofeo invencible de piedad, puerta del paraíso, consuelo de los creyentes, muralla de la Iglesia. Por ti, la corrupción ha sido anonadada, el poder de la muerte disipado y abolido, y somos elevados de la tierra a las cosas celestiales. Tú eres el arma invencible. El adversario de los demonios, la gloria de los mártires, el verdadero ornamento de los santos, la puerta de la salvación.

Salve, cruz del Señor, por quien la humanidad ha sido liberada de la maldición. Tú eres el signo del verdadero gozo. Te veneramos, eres nuestro socorro, la fuerza de los reyes, la firmeza de los justos, la dignidad de los pecadores.

Salve, cruz preciosa, guía de los ciegos, medicina de los enfermos, resurrección de los muertos. Tú nos ha elevado cuando estábamos caídos en el barro. Por ti se acabó la corrupción y floreció la inmortalidad; por ti los mortales hemos sido divinizados, y el demonio fue completamente abatido.

Oh Cristo, hoy nosotros, que somos pecadores, veneramos tu cruz preciosa con nuestros labios indignos. Te cantamos a ti, que has querido ser clavado en ella, y como el ladrón clamamos: “¡Haznos dignos de tu reino!”

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