sábado, 5 de enero de 2013

Haciendo cuenta



He estado haciendo cuenta de lo que escribo últimamente y la verdad es que lo hago muy poco, o casi nada. Ha sido como echar las cortinas para dormir una larga siesta. Entre lo poco que escribo y lo mucho que he perdido, se puede decir que mis palabras, aquellas y estas, se han tomado vacaciones. Vacaciones de invierno, o estarán escondidas en algún lugar resguardándose del frio. 
Me aseguran que las que se han perdido se encontrarán, que no me preocupe.
Tampoco hay manera de que me sienta a escribir. Estoy perezosa.
Los pensamientos brotan desordenados y en estos momentos me toca crear un orden más equilibrado, más justo y guardarlo dentro de mí en el más estricto silencio.

Mientras tanto, les dejo una preciosa poesía de mi poeta preferido: Juan Ramón Jiménez. “...deseándoosle una paz tan cálida como la caída de la nieve”  y ¡¡¡felices Reyes!!!

+Capuchino de Silos

LAS TARDES DE ENERO

Va cayendo la noche: La bruma
ha bajado a los montes el cielo:
Una lluvia menuda y monótona
humedece los árboles secos.
El rumor de sus gotas penetra
hasta el fondo sagrado del pecho,
donde el alma, dulcísima, esconde
su perfume de amor y recuerdos.
¡Cómo cae la bruma en el alma!
¡Qué tristeza de vagos misterios
en sus nieblas heladas esconden
esas tardes sin sol ni luceros!
En las tardes de rosas y brisas
los dolores se olvidan, riendo,
y las penas glaciales se ocultan
tras los ojos radiantes de fuego.
Cuando el frío desciende a la tierra,
inundando las frentes de invierno,
se reflejan las almas marchitas
a través de los pálidos cuerpos.
Y hay un algo de pena insondable
en los ojos sin lumbre del cielo,
y las largas miradas se pierden
en la nada sin fe de los sueños.
La nostalgia, tristísima, arroja
en las almas su amargo silencio,
Y los niños se duermen soñando
con ladrones y lobos hambrientos.
Los jardines se mueren de frío;
en sus largos caminos desiertos
no hay rosales cubiertos de rosas,
no hay sonrisas, suspiros ni besos.
¡Como cae la bruma en el alma
perfumada de amor y recuerdos!
¡Cuantas almas se van de la vida
estas tardes sin sol ni luceros!

J.R.Jiménez


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