sábado, 17 de noviembre de 2012

Como la flor



Suena el despertador y espero unos segundos a que mi pensamiento mudo y silencioso se rinda por entero y me atrape como cada mañana hace. A esa hora, mi día se va iluminando perezosamente, va  tomando forma, va tomando color; y es en ese momento cuando brota mi oración como la flor que nace a la luz que desde el principio va perfumando; me siento muy amada, más que a cualquier hora del día porque me espera lo mejor de la jornada; cuando camino hacia la iglesia y me dejo sorprender por esa calma divina envuelta por la más bella melodía.

En ese camino hacia misa siento el frio y con él las ganas de Adviento se despiertan cálidas. Es el dulce milagro que Dios repite cada año para que pongamos un poquito de fuego en nuestro corazón.

Lo quiero.

+Capuchino de Silos

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