lunes, 8 de octubre de 2012

Un monje enamorado de Cristo

 

Como no puedo ni escribir ni leer mucho, os dejo este escrito de un monje que no tiene desperdicio.
“El monje del Cristo Orante, como todo monje, ha de tomar muy al pie de la letra aquella consigna del Maestro: cuando ores, ve, cierra la puerta, escóndete en lo Secreto y allí, en lo Secreto, trata con el Padre que ve en lo Secreto.
Pero el monje del Cristo Orante, como el mismo Cristo, ha de tomar también muy en serio aquello otro: ¡no escondas la luz recibida debajo de la mesa! Colócala en un lugar alto para que –cálida y mágicamente— alumbre a los demás. Lo que escuchas susurrado en lo escondido, anúncialo con vehemencia desde los tejados.

Por eso, esa misma puerta que con celo cierras para tratar en lo secreto con el Padre, ábrela con igual celo, cada vez que un hermano la golpee pidiéndote el pan de la oración.
No la abras por cualquier motivo, con cualquier excusa. No.
Sólo justifica que dejes lo secreto para llevar a otros allí, a lo secreto, y allí, en lo secreto, dejarlos con el Padre, para volver tú a cerrar la puerta reescondiéndote en lo Secreto.
Pues para ese Secreto ha sido creado el Hombre”

+Diego De Jesús


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