miércoles, 19 de septiembre de 2012

Maldita curiosidad.



Me encontraba en el primer banco y en pleno ratito de oración con el Señor cuando escuché unos pasos rápidos que se acercaban por el pasillo central de la iglesia. En voz alta discutían, no hablaban. Al estar la iglesia casi vacía se distinguía lo que decían. Me extrañé y puse atención a ver qué pasaba. Eran dos señoras y un hombre muy blanquito todo él, muy alto y corpulento con calzona negra por encima de las rodillas y camiseta negra: un auténtico adefesio de unos cincuenta y tantos  años. Una de las señoras, la que parecía más joven, portaba un ramito de rosas en tonos pastel; con paso decidido se dirigía muy contenta y sonriente a la puerta de la sacristía dejando a sus interlocutores atrás. Ninguna de las caras las había visto jamás por la parroquia.
El sacristán, que estaba sentado en un banco de la iglesia, se levantó rápido y veloz y fue tras ella pues no la debía conocer tampoco; de haberla conocido la hubiese dejado entrar sin seguirla.
Al ratito, apareció el sacristán y la señora con las rosas en un jarrón acercándose muy orgullosa y sin perder la sonrisa a la imagen de San Francisco Javier. Yo estaba embobada y muy cerquita toda distraída. ¡Ay, Dios mío!: maldita curiosidad.
Con mucho cuidadito y orgullo, y con la sonrisa en sus labios, colocó a los pies del santo el jarroncito de las rosas; lo miró varias veces girando la cabeza a un lado y otro. Aprecié que se sentía orgullosa y  feliz. Se arrodilló en el reclinatorio y con mucha piedad rezó unos minutos. Acto seguido, se levantó y se puso al lado del santo, lo tocó con una mano sin perder la sonrisa y el señor de las calzonas le hizo una foto. Quedó satisfecha y se apartó.
Inmediatamente se produjo otra discusión muy acalorada que duró unos minutos. Parecían enfadados. Al fin, y sin dejar de refunfuñar, el señor de las calzonas se colocó al lado de ella y cogiendo de la mano a la señora de las flores, con muy malos modales se hizo otra foto. ¿?
Sin mirarse y en silencio, se marcharon. La otra señora, no dijo ni pío.

Yo, quedé vacía de contenido.

Moriré como el gato.

+Capuchino de Silos


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