martes, 24 de julio de 2012

Experiencia única y celestial (continuación)


Y así fue: una experiencia única y celestial y todo lo que uno quiera añadirle.
Al ultimar la limpieza del altar y del sagrario colocamos el mantel almidonado blanco y purísimo con encaje de bolillo al filo y doblado en abanico. Sobre ese mantel, delante del sagrario, un pequeñito corporal, tan blanco como la nieve  para apoyar el Copón con el Santísimo cuando está en uso y a su derecha, a un palmo, un pequeño y precioso vasito con agua y otro corporal doblado sobre él.
Se colocaron los seis altos candelabros dorados, tres a cada uno de los lados y limpiamos el cristal de la lámpara que sirve de vasija para encajar en su interior la mariposa roja que ilumina al Señor cada día. El cristal quedó tan limpio y transparente que, al contemplarlo, sólo se veía la lamparilla que lucía ilusoriamente al aire.

Miramos el conjunto que quedó precioso y dimos gracias al Señor preparándonos para vestir el Altar Mayor con ropa limpísima e inmaculada.

¡Cómo se disfruta preparando algo tan hermoso para el Señor!

Allí, en el otro altar, donde cada víspera de domingo o fiesta se celebra el Misterio más grande jamás soñado, íbamos a proceder al cambio de manteles usados por otros limpísimos y doblados igual que los anteriores en abanico.

Sueño cada día con esa celebración donde mi Dios y Señor se hace presente dándolo todo como lo hizo en esa semana grande de Pasión hasta dar por nosotros su última gota de sangre y todo su amor. ¡Qué delicia poder ponerle lo más hermoso colocado con el máximo cuidado y amor!

Terminamos poniendo los candelabros, la cruz y el atril de bronce para el Misal y dimos por finalizado el trabajo.
Estoy segura que todos los ángeles y San Francisco Javier, que así se llama la parroquia, nos ayudaron para que el Señor quedara contento.

Antes de acabar pedí un deseo a ese mi Dios y Señor que casi le toco con mi mano su túnica.

¿Cómo será la Gloria, Dios mío?

Capuchino de Silos



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