domingo, 29 de julio de 2012

Descanso



 
Hace días tenía que consolarme con lo que fuese porque las fuerzas ya no custodiaban mi vida; quizás porque era tiempo de descanso para ellas; quizás porque tenía que haberlas mimados más y mejor. Pero la realidad era que sentía la necesidad de descansar para recuperar el milagro diario. De repente, mientras pensaba esto, comenzó a llover con todas las fuerzas. La tormenta en pleno verano se podía contemplar con alegría y se veía cómo llovía sobre el agua. Fueron diez escasos minutos.
Gozo con todo lo que rodea la lluvia y ahora más viendo como la gente seguía bañándose disfrutando de ese delicioso momento. Todo un espectáculo que observaba con un barniz de emoción y entusiasmo en esa tarde donde las fuerzas bailaban muy lejos.
Acudí, como en tantas ocasiones, a Él que me comprendía sin necesidad de explicarme. También ese dulce momento debía ser para Él. También en el descanso quería buscarlo y que su alegría formara parte de ese descanso.
Capuchino de Silos


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