sábado, 23 de junio de 2012

“Qué bien se está aquí”


Quiero, como San Pedro, decirle al Señor: “qué bien se está aquí”.
Llego, como cada día, al sagrario bien temprano y me encuentro en el mejor lugar que existe; en el más dulce y sosegado lugar dispuesta a percibir, a inundarme y respirar del mejor aroma, aquel que es inconfundible  como el mejor jardín de flores, y dibujo en mi pensamiento aquella escena de San Pedro tantas veces meditada y soñada. Sueño con la escena, me gusta meditarla y me gusta decirle al Señor la misma frase cuando llego.
                           
Pero por las rendijas del oratorio se escapa otro olor, el olor a comida, la que se está elaborando para ese mediodía. Viene de la residencia de ancianos que hay junto a la iglesia y pienso, inevitablemente, en los viejecitos que allí viven y que si meditaran ésta frase no sé si alguno de ellos diría lo que San Pedro le dijo a Jesús.
De ellos hay quien, en su silla de rueda, llega a Misa de 12 los domingos, acompañado de algún que otro anciano que mueve mejor sus piernas y puede empujar la silla. Da mucha pena verlos llegar y mucha pena verlos marchar, siempre conducidos por otro compañero de la misma residencia y de la misma edad, más o menos. Todos buscan el mismo consuelo en Aquel que, a manos llena, le llena el corazón.
Por eso vuelven y vuelven cada domingo, para llenarse de ese Amor que, como ellos, vive también solo en el sagrario.

 +Capuchino de Silos


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