jueves, 14 de junio de 2012

Agradecimiento


Ni un ápice de pereza a primera hora.
De un salto, di gracias por la magia del reloj que convirtió ese instante, en radiante alegría y, además, se adueñaba de ese momento que lo convertía en hermoso y piadoso. Era agradecimiento por tanta felicidad, por ese nuevo día diligente que se me presentaba; no podía esconderla mirando al cielo que estaba blanco y limpísimo.
Era feliz, muy feliz. Ahora, en este minuto, lo soy más porque doy gracias con sacudidas del alma.
¡Que perdure, que me emocione, que sepa ver al creador del universo en todas las cosas! Es lo que pido. Es mi filosofía de vida desde que tengo uso de razón. Disfruto muchísimo, y lloro muchísimo también; a veces de alegría, a veces porque me siento muy querida; otras, justo por lo contrario pero no me importa. Lo asumo con timidez, con tristeza y si puedo y me acuerdo, lo ofrezco.
Y en ese intervalo de tiempo, afirmo, doy mi palabra y hasta creo poner un poco de orden en mi vida y quitar de ella todo lo que entorpezca a fin de que Cristo viva en mí en este nuevo día. ¡Qué delicia!


+Capuchino de Silos



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