martes, 22 de mayo de 2012

Hágase tu Voluntad



“¡Oh, si yo pudiera no tener otra voluntad que la Voluntad...!
¡Oh, si pudiera morir en mí todo deseo que no fuera el deseo de la voluntad de Dios! ¡Oh, qué dicha poder ser una pequeña ola, una gota sola, en el gran mar de Luz de la Voluntad divina!
¡Oh, si yo pudiera sentir en mí todo deseo muerto y estar del todo muerto para resurgir en la Luz de la Voluntad divina!
¿Por qué tanto desear? ¿Por qué inclinar la cabeza, como la flor que inclina la corola esperando que de arriba baje un rayo de luz y una perla centelleante de rocío?
¡Oh, tú, pobre y viejo corazón mío! ¿Por qué no estás ahí como una copa vacía, en espera de que sobre ella se derrame un Espíritu de arriba, una voluntad, la voluntad de lo alto?
Una copa purificada con lágrimas y dolor está ahí, Señor, está ahí...; es un corazón quebrantado que espera, espera a Ti, Señor, a Ti solamente.
Toda otra luz me resulta apagada, toda otra llama, mortecina; haz resplandecer Tu luz, Tu luz, ¡Oh, Señor!
Y estas lágrimas que copiosas bañan mis mejillas, Te invocan a Ti, ¡oh, Señor! Haz que, como sobre le Carmelo, descienda un fuego alto y consuma el agua y envuelva entre sus llamas el sacrificio del alma que se ofrece a Ti, que a Ti se entrega.
Quede para mí el llanto. Para Ti, Señor, mi canto, el humilde canto de mi alma”


+Eugenio Zolli


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