miércoles, 23 de mayo de 2012

De color resina, de color ámbar.


El día ha sido soleado y las sombras todas se han diluido.
Harta de no estar inspirada, me sumerjo en el don de la fortaleza poniéndole color.
Color de resina como el ámbar, como algunos riquísimos caramelos que nos daban cuando éramos niños.
La resina es una sustancia que producen muchos árboles y la fortaleza es, como el ámbar, como la resina, como esos caramelos; ligera, dura, adhesiva, que como los árboles, nos llenamos de ella para vencer necesidades y problemas, y así poder practicar virtudes, con esas chispas que nos da este don encendiendo la lámpara que ilumina.

Cuando supe de la fortaleza aprendí a amarla porque es como un licor que tiene cierta dulzura y deja una embriaguez suavísima que impregna, que absorbe todo nuestro cuerpo, haciéndonos fuertes y ágiles como las gacelas. Es la fuerza protectora del Cielo y por recibirla de allí nos proporciona fe, confianza y le añade ese Toque tan especial: todo lo puedo en Aquel que me conforta. Todo por amor, por ese Amor con mayúscula que toma posesión de nuestra vida y nos da una seguridad que no tiene límites.


+Capuchino de Silos



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