jueves, 17 de mayo de 2012

Ahora nos toca a nosotros.


Tras los cristales la mañana va pasando blanca y mi alma se siente llena de gozo al ver que nunca estoy sola. Que Dios está siempre a mi lado; que para Él soy, sigo siendo y seré siempre su hija. Es mi máximo placer cuando no deseo otra cosa que seguir hundida en ese derroche espiritual y ese reparador  y adorable sueño.
Él robustece y alienta mi esperanza preparando mi corazón y lo imagino esperándome como siempre donde está, donde sigue, para quedarse eternamente entre nosotros.

Mientras, el aire blanquecino se va tamizando tras los cristales del salón donde me encuentro sin despegar los ojos de la aparente nube que me envuelve. Todo me parece prodigioso y lleno de misterio, y mi diario caminar se va llenando de la misma fragancia que aspiraban aquellos primeros seguidores pero sin causarme miedo; sí, un infinito gozo y serenidad. Mientras, sigo mirando a ese cielo y me conmuevo con sólo recordar aquella sorprendente y maravillosa escena de la Ascensión donde Cristo se separa de nosotros para ir al cielo finalizando su misión terrenal.

En ese momento era nuestra tarea la que daba comienzo.


+Capuchino de Silos



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