lunes, 16 de abril de 2012

Celeste tarde


Lo primero que me atrapa es su amor y ternura.
Él me trata como si no hubiese más alma en el mundo que la mía, como si fuese hija única, y comparte conmigo, su misma vida celestial. Celestial de Cielo, celestial de calma y celeste tarde  de verano.

Mientras Él me entrega su Todo, mi oración se eleva a ese cielo de eterno azul con ráfagas de aromas suplicantes, y le digo que quiero llegar a entender todos los milagros celestes para que esas semillas gloriosas florezcan y me hagan crecer y crecer.

Brotó de esa cosa inalcanzable a la razón, de ese misterio excelso que hizo fermentar el amor como la levadura hace en el buen pan.

En mi morada hundo esas mismas raíces que son suyas. Le pertenecen. En la misma fe, en la misma gracia, en el mismo espíritu, en el mismo amor...
...y crezco en Él como el niño lo hace al lado de su padre.

Capuchino de Silos


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