miércoles, 11 de abril de 2012

Serle fiel


La llamita roja que antes ardía, volvía a encenderse en la oscuridad, en el silencio de la noche, en aquella soledad de la iglesia.
Me llamaba y salí rápidamente a su encuentro. Allí estaba esperándome lleno de infinita bondad y misericordia.
Escuchaba su voz amorosa que me invitaba para que me dejase ayudar por Él.
¡Jesús había vuelto, Jesús vivía, estaba a mi lado; ahora, ahora mismo! Lo noté, lo sentí y lo amé hasta no poder más.

Desapareció la tristeza, la desolación, el desaliento de aquella dolorosa noche del viernes. Él regresaba para devolverme la fe, la esperanza. Yo, recobraba la alegría. Me dejé abrazar abriéndole mi alma y le dije, agarrándome fuertemente a Él, que quería estar siempre atenta a su llamada para no perderme.

Que me iba a encontrar con dificultades era cierto pero que quería serle fiel hasta en los más pequeños detalles, responderle cada vez que me llamase, meditar y profundizar en ese fatídico viernes donde encontró la muerte para no olvidarme jamás.

Ya, con mi Señor vivo, cualquier momento se me vuelve oración para acompañarle en la soledad del sagrario.

En ese rinconcito sombrío del altar me encuentro con Él a solas, de rodillas, a sus pies, para reconocer mi pequeñez, para buscar su mirada, su perdón...


Capuchino de Silos


'