viernes, 13 de abril de 2012

Entre dos luces



Te distinguí, te reconocí sin percibirte del todo. Y luego el aroma intenso de las flores que invadía todo penetrando en la piel, y la cera de las velas que olían a fervor y a silencio. ¡Qué hallazgo!; te podía casi tocar entre aquellas dos luces: las del alma y de la existencia. No me cabía duda. ¡Eras Tú! Desde entonces espero captar las mismas delicadas gracias.
Sabes que con tu ausencia los días se me vuelven noches vacías y pobres. Que necesito que ellos se vuelvan brillantes para que no den comienzo las nubes que insisten en aplastarme.
¡Cuánto te debo pedir para poder distinguirte en medio de mis estaciones, reconocerte y decirte!: ¡eres Tú, Señor!
Es a mí a quien corresponde ser un buen cauce para llegar a la gracia y así facilitar tu labor. Si Tú no te cansas en ayudarme, ¿cómo me he de cansar yo?


+Capuchino de Silos



'