lunes, 9 de abril de 2012

Dulce silencio


Cuando de rodillas me puse ante Él delante del sagrario me desbordaba en gozo y alegría. Tenía relación con el gozo y la alegría de la Pascua vivida y sentida anteriormente.
Me había rescatado del pecado, de la muerte eterna; me había dado la Vida y me había resucitado con Él. Me llevaba de la mano una vez más. En realidad nunca me había soltado. Siempre lo noto a mi lado. Solo de pensarlo y desearlo, me conmovía, me emocionaba el gozo, la felicidad y me envolvía la dulzura que Él me entrega cuando voy a verlo.
Sólo una única condición basta para seguir viviendo en esa continua paz y felicidad: no dejar que nada ni nadie me pueda separar de Él. Y es verdad; mi corazón siempre que lo busca se inunda de alegría porque su mirada me traspasa el alma llena de amor infinito.
Conforme lo iba meditando, la tristeza de días anteriores a la Pascua de Resurrección, había desaparecido convirtiéndose en plena dicha espiritual. Me sentía comprendida, mimada y muy querida por el Padre más maravilloso y dulce que jamás pude soñar tener.
Mi rato de rodillas seguía plácidamente en actitud más que confiada.
Una vez más había vuelto a necesitarlo, pero Él estaba allí esperándome con la misma sonrisa y amorosa mirada, y una paciencia y amor infinito de Padre misericordioso. Me esperaba en un delicioso y dulce silencio sabiendo que mi forma de estar era una manera ferviente y sencilla de agradecerle los numerosos bienes que me hace cada día.
Así, sin más, de manera sencilla y natural, recibía su cálido y entrañable amor que me ofrecía calladamente mientras me hallaba delante de Él.
Un día más me sentí amada, muy amada.

+Capuchino de Silos 


'