domingo, 8 de enero de 2012

¡No me gustan las rebajas!

¡Qué poco me gustan las rebajas! Me di cuenta de lo poco que me gustaban cuando le dejé a mi madre los lazos de mis coletas: fue un asunto que nunca me interesó, como tampoco ir de tiendas. ¡Uf!, qué poquito me gusta ir de tienda. Me pongo, de inmediato, de un mal humor de perros y no me aguanto, no me soporto.
Nadie, nunca,  me habló ni mal ni bien, más bien, bien que mal, pero tan solo ponerme delante de la puerta de unos grandes  almacenes, me doy cuenta que aquello provoca en mí un cambio como si me hubiese tragado una patata grande cruda . -Yo no quiero nada de lo que hay ahí dentro - No me gustan los bullicios ni, tampoco, las obligaciones con fecha de caducidad.
Sigo soñando con la tienda pequeñita donde nadie te empuja, ni nadie te quita la prenda de la mano para, tan solo, manosearla y preguntarte el precio como si una fuese la dueña de la tienda.
Soy contraria al consumismo. Tengo muchos pecados, pero ese no. Tengo, en eso, el alma tan libre como una gacela.
Cuando terminan las rebajas, me siento gozosa por no haber pisado una tienda. Me queda un muy buen sabor. Me provoca una chispa de gozo porque no me he dejado influir por nada ni por nadie.
Mi tiempo lo invierto de otra manera, aunque sea descansando mi cabeza durmiendo una feliz siesta.

+Capuchino de Silos

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