lunes, 28 de marzo de 2011

La figura del sacerdote


Cuando se piensa que solamente un sacerdote puede perdonar los pecados y que lo que él ata en el fondo de su humilde confesionario, Dios, obligado por su propia palabra, lo ata en el Cielo, y lo que él desata, en el mismo instante lo desata Dios...


Cuando se piensa que Nuestro Señor Jesucristo, en la última Cena, realizó un milagro más grande que la creación del Universo con todos sus esplendores, y fue convertir el pan y el vino en su Cuerpo y Sangre para alimentar al mundo, y que este portento, ante el cual se arrodillan los ángeles y los hombres, puede repetirlo cada día un sacerdote...


Cuando se piensa que un sacerdote hace más falta que un rey, más que un militar, más que un banquero, más que un médico, más que un maestro, porque él puede reemplazar a todos y ninguno puede reemplazarlo a él...


Cuando se piensa que un sacerdote, cuando celebra en el altar, tiene una dignidad infinitamente mayor que un rey; y que no es ni un símbolo, ni siquiera un embajador de Cristo, sino que es Cristo mismo que está allí repitiendo el mayor milagro de Dios...


Cuando se piensa que el mundo moriría de la peor hambre si llegara a faltarle ese pan y ese vino, y que eso puede ocurrir, porque están escaseando las vocaciones sacerdotales, y que cuando eso ocurra se conmoverán los cielos y estallará la Tierra, como si la mano de Dios hubiera dejado de sostenerla; y las gentes aullarán de hambre y de angustia, y pedirán ese Pan, y no habrá quien se lo dé; y pedirán la absolución de sus culpas, y no habrá quien las absuelva, y morirán con los ojos abiertos por el mayor de los espantos...


Cuando se piensa todo esto, uno comprende la inmensa necesidad de fomentar las vocaciones sacerdotales...


Uno comprende el afán con que en tiempos antiguos, cada familia ansiaba que de su seno brotase, como una vara de nardo, una vocación sacerdotal...


Uno comprende el inmenso respeto que los pueblos tenían por los sacerdotes, lo que se reflejaba en las leyes...


Uno comprende que el peor crimen que puede cometer alguien es impedir o desalentar una vocación...


Uno comprende que provocar una apostasía es ser como Judas y vender a Cristo de nuevo...


Uno comprende que si un padre o una madre obstruyen la vocación sacerdotal de un hijo, es como si renunciaran a un título de nobleza incomparable...


Uno comprende que más que una iglesia, y más que una escuela, y más que un hospital, es un seminario o un noviciado...


Uno comprende que dar para construir o mantener un seminario o un noviciado es multiplicar los nacimientos del Redentor...


Uno comprende que dar para costear los estudios de un joven seminarista o de un novicio es allanar el camino por donde ha de llegar al altar un hombre, que durante media hora, cada día, será mucho más que todas las dignidades de la Tierra y que todos los santos del Cielo, pues será Cristo mismo, sacrificando su Cuerpo y su Sangre, para alimentar al mundo.

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viernes, 25 de marzo de 2011

Sólo el amor vence


"Soy Lucía Vetruse, una de las novicias violadas por las milicias serbias. Le escribo sobre lo que me ha acaecido a mí y a las hermanas Tatiana y Sendria. Permítame que no le dé detalles. Ha sido una experiencia atroz que no se puede comunicar más que a Dios, a cuya voluntad me entregué cuando me consagré a Él con los tres votos.

Mi drama no es sólo la humillación que he sufrido como mujer, ni la ofensa irreparable hecha a mi opción existencia y vocacional; sino la dificultad de insertar en mi fe un acontecimiento que ciertamente forma parte de la misteriosa voluntad permisiva de Aquel a quien yo continúo considerando mi Esposo divino.
Había leído pocos días antes los Diálogos de carmelitas, de Bernanos, y me había surgido espontáneamente pedir al Señor morir mártir. Él me ha tomado la palabra, pero, ¡de qué manera!. Me encuentro ahora en una angustiosa oscuridad interior. Ellos han destruido mi proyecto de vida –que yo consideraba definitivo- y me han trazado de improviso otro nuevo que aún no acierto a descubrir.
Le escribo, madre, no para recibir su consuelo, sino para que me ayude a dar gracias a Dios por haberme asociado a millares de compatriotas mías –ofendidas- y a aceptar la maternidad no deseada...
Mi humillación se suma a la de las demás, y solo puedo ya ofrecerla por la expiación de los pecados cometidos por anónimos violadores y por la paz entre las dos etnias opuestas, aceptando la deshonra sufrida y entregándola a la piedad de Dios.
No se asombre de que le pida compartir conmigo unas gracias que pudiera parecer absurda. He llorado en estos meses todas mis lágrimas por mis dos hermanos, asesinado por los mismos agresores que van aterrorizando nuestras ciudades. Pensé que ya no podría sufrir muchas cosas más: nunca creí que el dolor pudiera alcanzar tales dimensiones.
A la puerta de nuestros conventos, llamaban cada día centenares de criaturas famélicas, con la desesperación en los ojos. La semana pasada, una joven de dieciocho años me había dicho: “afortunada, usted, que ha escogido un sitio donde la milicia no puede entrar”; y añadió: “usted no sabe qué es la deshonra”. Lo pensé despacio y vi que se trataba del dolor de mi gente; y casi sentí vergüenza al estar excluida de su entorno.
Ahora soy una de ellas –una de tantas mujeres anónimas de mi pueblo, con el cuerpo destrozado y el alma saqueada-. El Señor me ha admitido al misterio de la vergüenza; es más: a esta hermana suya, le ha concedido el privilegio de comprender hasta el fondo la fuerza diabólica del mal.
Sé que, de hoy en adelante, las palabras de valor y consuelo que trataré de sacar de mi pobre corazón serán de verdad creídas por la gente, porque mi historia es la suya, y mi resignación, sostenida por la fe, podrá servir, sino de ejemplo, al menos de confrontación con sus reacciones morales.
Todo ha pasado, madre, pero ahora comienza todo.
En su llamada telefónica, después de decirme palabras de consuelo que le agradeceré toda la vida, me hizo usted una pregunta: “¿qué harás de la vida que te ha sido impuesta en tu vientre?”. Sentí que mi voz temblaba al hacerme esta pregunta, que no podía ser respondida de inmediato –no porque no haya reflexionado sobre la elección que tenía que hacer, sino porque usted no quería turbar con eventuales proyectos mis decisiones.
Lo he decidido ya: si soy madre, el niño será mío y de ningún otro. Lo podría confiar a otras personas, pero él tiene derecho a mi amor de madre, aunque no haya sido deseado, querido. No se puede arrancar una planta de su raíz. El grano que ha caído en una tierra tiene necesidad de crecer allí.
Realizaré mi vida religiosa, pero de otro modo. No pido nada a mi Congregación, que me lo ha dado ya todo. Estoy agradecida a la fraternidad de mis hermanas y a sus atenciones; sobre todo, por no haberme molestado con peticiones indiscretas.
Me iré con mi hijo. No sé adónde, pero Dios, que ha roto de improviso mi mayor alegría, me indicará el camino que tendré que seguir para cumplir su voluntad.
Seré pobre; retomaré el viejo delantal y me pondré los suecos que usan las mujeres en los días de trabajo; e iré con mi madre a recoger resina de los pinos de nuestros grandes bosques...Haré todo lo posible por romper la cadena del odio que destruye nuestros países. Al hijo que espero le enseñaré solamente a amar. Mi hijo, nacido de la violencia, será testigo, a mi lado, de que la única grandeza que honra a la persona es la del perdón”.

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miércoles, 23 de marzo de 2011

La cocina de Capuchino de Silos


 La cocina de Capuchino de Silo


MIGAS DE CUARESMA. Fáciles pero laboriosas.

Ingredientes para cuatro personas
Pan - 4 kilos
Ajos - 2 cabezas
Aceite - 175 g
Sal - al gusto
Agua - la que admita el pan

Realización:
Se corta el pan en rodajitas o como se ve en la foto con la thermomix y se le va añadiendo el agua, previamente salada al gusto por capas de unos 3 cm y se va aplastando con una espumadera hasta finalizar. Se deja reposar unas dos horas tapando la olla con un paño de cocina bien limpio.
En un recipiente amplio, para poder removerlas bien, se echa el aceite, se espera a que caliente y se le añaden los ajos enteros. Una vez fritos se pelan y se le añaden al aceite juntamente con el pan. Con la espumadera se va dorando y removiendo el pan con los ajos, parando de vez en cuando y tapando, SIEMPRE, con el paño hasta volverlas a trabajar y removiendo sin parar. Esta operación se repetirá las veces que haga falta hasta que las migas estén bien sueltas, doraditas y jugosas.

Se pueden tomar solas o acompañadas con azúcar, chocolate, café, huevos fritos, jamón, chorizo, morcilla, etc. Con cualquiera de estos alimentos están exquisitas.


 
¡¡¡Buen provecho!!!

+Capuchino de Silos


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viernes, 18 de marzo de 2011

Carta de mi amiga María


Los que no me conocíais antes, no podéis saber quién es María.
María es mi mejor amiga, mi amiga del alma de toda la vida. La conozco desde pequeñita. No os digo más que hicimos la Primera Comunión juntas, juntas estudiábamos y juntas jugábamos en el colegio.
Pues María, como la vez anterior, me ha escrito una carta para que la publique en el blog precisamente hoy.

La carta dice así:

Era el día anterior a San José. Me había levantado como cualquier otro día para todos, menos para mí, pues el nudo en la garganta subía y bajaba a gran velocidad de arriba abajo y de abajo arriba como un peso enorme traído del más profundo rincón de mi alma. Un peso revestido de una gran corteza lo cubría molestando desde hacía muchísimos años. Pero estaba convencida y sabía que ese día todo iba a cambiar y ese peso enorme iba a desaparecer gracias a mi querida amiga. Me lo decía el corazón con esperanza, alegría y un nerviosismo tremendo; no lo puedo negar.
Nadie en casa sabía nada y me fui con ella y su marido aquel 18 de marzo a la parroquia donde ellos suelen ir para asistir a la Santa Misa que el sacerdote suele celebrar a las 9.30 los días de labor.
Al finalizar la Santa Misa de aquel día 18, conocí personalmente al sacerdote; me envalentoné y fui a confesar. Desde entonces, mi vida ha dado un cambio radical.
Fue aquella Misa celebrada un domingo a las 12 de la mañana en San Francisco Javier por ese sacerdote, la que me acercó al Señor la primera vez que fui a Misa con mi amiga y su marido; aquel domingo 14 de marzo, que el evangelio hablaba del hijo pródigo. ¡Todo fue providencial!
Y ¿por qué os cuento todo esto? Porque fue ese día, aquel 18 de marzo el que eligió el Señor para que San José, el santo que ama el silencio, me llevase de la mano hacia Él: ese bendito día en el que decidí confesarme después de tantos años de distanciamiento con el Señor para poderlo recibir el 19, onomástica de su santo nombre. Además José también se llama el sacerdote. Todo venía del Señor. Sé que al día siguiente fui a Misa y recibí a Cristo por primera vez después de muchísimo tiempo. Nunca me había sentido más feliz en mi vida. Hoy hace un año de aquel bendito día y quiero celebrarlo de alguna manera, aquí con vosotros.
El año que coronó la década y de la santa mano del bendito padre de Jesús.
Él, que fue el primero en ver el color de los ojos y las lágrimas del Niño al nacer, el primero en oír su llanto, que se estremeció al contemplar la pobreza con la que venía al mundo el ser más grande que habría de nacer en la tierra. Con su padre Jesús aprendió a caminar, a hablar, a leer fijando su mirada en la suya siguiendo sus benditos pasos.
Dios lo escogió para que fuera el padre del Niño y lo escogió, también, para llevarme a mí a sus queridos brazos.
A ti, San José, te eligió Cristo para que yo fuese a postrarme como Mª Magdalena a sus pies arrepentida.
Y yo en este año que ha pasado, como el Niño que tuviste en tus brazos, he tenido que aprender a caminar hacia Jesús, he tenido que aprender a hablar con Jesús y a fijarme en los ojos de Jesús para leer lo que Jesús quiere de mí y crecer en educación espiritual para seguirlo el resto de mi vida.
San José ama a Jesús, pero yo me siento inmensamente querida por Él y por su bendito padre.
A ti, bendito San José, quiero agradecerte haber andado este camino hacia Cristo, para conocerle y amarle intensamente con este inmenso amor que ahora le tengo.

María

+Capuchino de Silos




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jueves, 17 de marzo de 2011

La cocina de Capuchino de Silos


Potaje de garbanzo de vigilia

Tiempo de realización 25 minutos
(Para cuatro personas)

2 botes de garbanzos cocidos de unos 400 g cada uno

Para el Sofrito:
Medio vaso de aceite de oliva virgen extra
400 g de cebolla
2 dientes de ajo
2 tomates grandecitos

Para el resto:
500 g de agua
1 hoja de laurel
Sal (al gusto)
2 cucharaditas de comino en polvo
Pimienta (al gusto)
Perejil picado para decorar


Modo de preparación:

Los garbanzos se enjuagan muy bien y se reservan.
Se pican finamente las cebollas, los tomates y los ajos y se sofríe en el aceite durante 10 minutos a fuego moderado. Se le añade 3 cucharadas de garbanzos, el agua y se tritura hasta obtener una crema muy, muy fina.
Se incorpora la hoja de laurel, la sal, el comino y la pimienta y se deja cocer durante 7 minutos. Se le incoporan los garbanzos y se dejan cocer durante otros 10 minutos.
Se rectifica de sal y se le añade un poco de agua si la necesitara.
Se sirven espolvoreados de perejil picado.

¡¡¡Buen provecho!!!



+Capuchino de Silos



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lunes, 14 de marzo de 2011

Haikus a San José


En un pesebre
¡Oh glorioso San José!
nace tu Hijo.

Son tus angustias.
Él te quitó la pena,
con ese gozo.

Cuerpo menudo
unas gotas de sangre
se deslizaron.

Dolor y gozo
nacía la esperanza.
Muerte y contraste.

Mucha amargura
país desconocido
paz en el alma.


+C




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miércoles, 9 de marzo de 2011

Sé feliz a tiempo


Cuenta la leyenda que un hombre oyó decir que la felicidad era un tesoro. A partir de aquel instante comenzó a buscarla. Primero se aventuró por el placer y por todo lo sensual, luego por el poder y la riqueza, después por la fama y la gloria, y así fue recorriendo el mundo del orgullo, del saber, de los viajes, del trabajo, del ocio y de todo cuanto estaba al alcance de su mano.



En un recodo del camino vio un letrero que decía: "Le quedan dos meses de vida"


Aquel hombre, cansado y desgastado por los sinsabores de la vida se dijo: " Estos dos meses los dedicaré a compartir todo lo que tengo de experiencia, de saber y de vida con las personas que me rodean".


Y aquel buscador infatigable de la felicidad, sólo al final de sus días, encontró que en su interior, en lo que podía compartir, en el tiempo que le dedicaba a los demás, en la renuncia que hacía de sí mismo por servir, estaba el tesoro que tanto había deseado.


Comprendió que para ser feliz se necesita amar; aceptar la vida como viene; disfrutar de lo pequeño y de lo grande; conocerse a sí mismo y aceptarse así como se es; sentirse querido y valorado, pero también querer y valorar; tener razones para vivir y esperar y también razones para morir y descansar. Entendió que la felicidad brota en el corazón, con el rocío del cariño, la ternura y la comprensión. Que son instantes y momentos de plenitud y bienestar; que está unida y ligada a la forma de ver a la gente y de relacionarse con ella; que siempre está de salida y que para tenerla hay que gozar de paz interior. Finalmente descubrió que cada edad tiene su propia medida de felicidad y que sólo Dios es la fuente suprema de la alegría, por ser ÉL: amor, bondad, reconciliación, perdón y donación total. Y en su mente recordó aquella sentencia que dice:"Cuánto gozamos con lo poco que tenemos y cuanto sufrimos por lo mucho que anhelamos".

Busquemos en la Cuaresma intensificar la oración, la penitencia, y que nuestro ayuno sea tan sincero que nos ayude a vivir un camino hacia el encuentro con Cristo.

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http://corazoneucaristicodejesus.blogspot.com


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domingo, 6 de marzo de 2011

Pequeñeces



Acuarela: Capuchino de Silos

Pequeñas piedras pueden construir grandes montañas..

Pequeños pasos pueden cubrir muchas millas...

Pequeños gestos de amor y ternura pueden hacer al mundo feliz...

Un pequeño abrazo puede secar muchas lágrimas..

Una pequeña palabra, AMOR, puede colmarnos de felicidad...

Una pequeña sonrisa, puede transformar el mundo...

Son esas pequeñas cosas las que construyen nuestro mundo...

Cuando pienso en ellas, cálidas imágenes vienen a mi mente.

Pienso en los momentos que compartimos en la red

intercambiando mensajes que nos alegran el espíritu..

No importa quién los escribió...

Lo más importante es que vienen a mí...

Gracias por compartir esta hermosa amistad...

Gracias por esas Pequeñas Cosas...Anónimo

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jueves, 3 de marzo de 2011

La cocina de Capuchino de Silos


La cocina de Capuchino de Silos


Lentejas estofadas (para 6 personas)


Ingredientes:
                                        
350 g de lentejas
200 g de zanahorias troceaditas
1 tomate troceadito 
1 pimiento verde troceadito
1 patata troceadita
1 cucharada de pimentón
50 g de aceite de oliva virgen
1 cucharadita de sal
3 dientes de ajos troceaditos
1 cebolla troceadita
1 hoja de laurel
100 g de chorizo en rodajas
100 g de morcilla en rodajas
750 g de agua (3 vasos)


 Modo de realizarlas


Se ponen las lentejas en remojo un mínimo de dos horas, o bien, se le da un pequeño hervor, se escurren bien y se vierten en una cacerola o en el vaso de la Thermomix.

Se agregan todos los ingredientes finalizando con el agua y se ponen a hervir 30 minutos.
Si se hacen en la thermomix se programa 30 minutos, 100º, giro a la izquierda y velocidad cuchara.
Cuando finalice el tiempo, se comprueba si las lentejas están tiernas. De no ser así, se programa unos minutos más. Se dejan reposar unos minutos y ¡¡¡listas para comer!!!


Nota: Si no se quiere comer grasas por colesterol o intolerancia al cerdo, se suprime el chorizo y la morcilla. También están riquísimas. Cuando las hago solo con verduras les pongo un pelín de tomillo (la punta de una cucharita de café) y le da un gusto muy, muy rico.

Atención: El tiempo de cocción se cuenta desde que se ponen al fuego.
¡¡¡Buen apetito!!!

+Capuchino de Silos

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