miércoles, 9 de noviembre de 2011

Precioso lugar



Aquel lugar es precioso. Hay un mar tan celeste que, a veces, no se sabe dónde termina él y empieza el cielo. Es su manera de ser, de estar en los meses estivales. Las nubes no se ven, se ocultan en el celeste, y su templada serenidad lo llena todo con una dulzura  que llega hasta la orilla.

Los jardines van bordeando el mar donde las bonitas viviendas se disimulan entre espigados y bellos palmerales y flores.
Hay una terraza que le dicen chiringuito para no asustar, pero si sigues caminando por la playa o por los jardines, igual da, llegas a un bonito restaurante de madera montado a la antigua qué sirve un pescado fresco delicioso y un ajo blanco que suele refrescar el ratito de paseo.


La iglesia queda defendida por hermosos olivos centenarios y tuyas de desiguales tamaños y hojas siempre verdes que se sienten firmes y amorosos guardianes custodios de Nuestra Señora de la Merced.


En la iglesia el coro lo dirige un filipino, y lo hace tan bien que se te olvida el calor que hace, te ayuda a rezar y dar gracias por estar en un lugar dotado de tanta belleza.
Todo allí brilla de manera natural y especial...
Es un lugar muy hermoso, casi perfecto. Lo creó Dios y lo trabajó el hombre artista con ayuda divina.

+Capuchino de Silos


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