lunes, 3 de octubre de 2011

La flor de la pasión.


Y de aquella enredadera que trepaba y trepaba para buscar un espacio azul, nació la primera flor de intenso color morado, para hacer presente el Calvario de Cristo. Una flor humilde y purpúrea que desea abrir todo su corazón para mostrar la corona de espina con la que le coronaron, las cinco llagas que hirieron su cuerpo, cada uno de los clavos de su crucifixión, las cuerdas que maniataron sus manos y sus pétalos los primeros hombres que lo amaron y siguieron. Su fruto es tan minúsculo y su semilla tan diminuta y tan roja como las gotas de sangre coagulada que brotaron de sus heridas.
Es su sombra, su néctar y su fragancia, lo que cautiva a las mariposas y su vigor y su arrojo palpita ágilmente buscando la perfección y la gloria del cielo.

+Capuchino de Silos

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