martes, 13 de septiembre de 2011

Una gran familia pisoteada


Siempre me atrajeron de manera especial los colores y por ello reparé en aquel papelito muy pisoteado e insignificante de tonos pastel hace unos días cuando paseábamos por una calle que no recuerdo. Lo encontré en el suelo y estuve a punto de pisarlo yo también, pero al sentir curiosidad, me agaché, lo cogí y vi que era una estampita preciosa de la Sagrada Familia con Dios Padre, el Espíritu Santo y un rompimiento de gloria. Tenía una oración preciosa a su espalda. La he guardado como el mejor de los tesoros.
La oración es esta:
   Jesús, Tú viviste en una familia feliz. 
    Haz de esta casa una morada de tu presencia, un hogar cálido y dichoso. 
   Venga la tranquilidad a todos sus miembros, la serenidad a nuestros nervios, el control de nuestras lenguas, la salud a nuestros cuerpos. 
   Que los hijos sean y se sientan amados y se alejen de ellos para siempre la ingratitud y el egoísmo. 
   Inunda, Señor, el corazón de los padres de paciencia y comprensión, de una generosidad sin límites. 
   Extiende, Señor, un toldo de amor para cobijar y refrescar, calentar y madurar a todos los hijos de la casa.
   Danos el pan de cada día; y aleja de nuestra casa el afán de exhibir, brillar y aparentar, líbranos de las vanidades mundanas y de las ambiciones que inquietan y roban la paz.
   Que la alegría brille en los ojos, la confianza abra todas las puertas, la dicha resplandezca como el sol; sea la paz la reina de este hogar, y la unidad un sólido entramado.

    Te lo pedimos a Ti que fuiste un Hijo feliz en el hogar de Nazaret, junto a María y José. Amén

+Capuchino de Silos



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