viernes, 1 de julio de 2011

Una misiva a mi Ángel


Querido Ángel de la Guarda: Extrañarás que te escriba porque nunca has recibido carta mía. A partir de hoy, siempre que me ocurra lo de ayer, lo dejaré por escrito para que quede constancia.


Quiero escribirte para hacerte un reproche; así, seguramente leyéndome, no vuelvas a cometer recreo alguno, pues lo de ayer no me lo esperaba. ¡Qué tardecita, guapo!
El silencio y la apatía fueron tu respuesta, porque no me ayudaste nada de nada. Estuve contando ovejitas en la noche hasta hacer un rebaño tan grande que ya las ovejas no me cabían en la cabeza.
Pensé que te encontrabas  dormido o habías cogido una melopea lírica. No sé, pero algo te tenía que haber ocurrido porque tu ausencia brilló.

 +C.


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