miércoles, 1 de junio de 2011

Erase una vez










Erase una vez,
erase una vez
un mariposa blanca
que era la reina de todas las mariposas del alba,
se posaba en los jardines,
sobre las flores más bellas,
y le susurraba historias al clavel y a la violeta.
Feliz la mariposilla, presumidilla y coqueta,
parecía una flor de almendro
mecida por brisa fresca…
más llegó un coleccionista, mañana de primavera,
y sobre un jazmín en flor,
aprisionó a nuestra reina
la clavó con alfileres, sobre cartulinas negras,
y la llevó a su museo de breves bellezas muertas,
las mariposas del alba lloraban por la flor esta.
Sobre un clavel se posó, una mariposa blanca
y el clavel se molestó,
blanca la mariposa y rojo el clavel,
rojo como los labios de quién yo sé
rojo como los labios de quién yo sé.
Se posaba en los jardines,
entre las flores más bellas,
y le susurraba historias al clavel y a la violeta.
Feliz la mariposilla, presumidilla y coqueta,
parecía una flor de almendro
mecida por brisa fresca…
y llegó un coleccionista, mañana de primavera,
y sobre un jazmín en flor,
aprisionó a nuestra reina
la clavó con alfileres, entre cartulinas negras,
y la llevó a su museo de breves bellezas muertas,
las mariposas del alba lloraban por la floresta.
Sobre un clavel se posó, una mariposa blanca
y el clavel se molestó,
blanca la mariposa y rojo el clavel,
rojo como los labios de quién yo sé
rojo como los labios de quién yo sé.

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