viernes, 29 de abril de 2011

A María



De naturaleza, rabiosamente azul como el cielo.
Sabían a primavera amable de suave brisa. 
Sabían a tardes celestes, a césped recién cortado y a risas de niños.
Pinceladas luminosas caían lentamente hacia el ángelus. 
Celeste era también la oración que te llegaba de mis labios y más allá de ellos.
De mañana, azul Jacinto de casi añil con rocío de la noche que danzaban al son del viento entre sus verdes hojas a nuestro paso a misa. 
Aleluya, aleluya, se cantaba al concluirse.
Mi paz también era azul y toda ella venía hacia mí para compartirla.
También eran azules, como los plumbagos, todas mis intenciones a María.

+C.

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