domingo, 28 de noviembre de 2010

El trigal


“Con la ardiente paciencia de un trigal. He aquí una hermosísima parábola de Ignacio Larrañaga, un hombre cuya forma paciente de mirar la realidad dejándose interpelar por ella ha transformado muchos corazones: «hoy siembras un extenso trigal en el campo. Vuelves a la semana siguiente y no se ve nada: parece que el trigo murió debajo de la tierra. Vuelves a las dos semanas y todo sigue igual: el trigo sigue sepultado en el silencio de la muerte.

Retornarás a las cuatro semanas y observarás con emoción que el trigal, verde y tierno, emergió tímidamente sobre la tierra. Llega el invierno y caen toneladas de nieve sobre el trigal recién nacido que, aplastado por el enorme peso, sobrevive, persevera. Vienen las terribles heladas capaces de quemar toda vida. El trigal no puede crecer, ni siquiera respirar. Simplemente se agarra obstinadamente a la vida entre vientos y tempestades para sobrevivir. Asoma la primavera y el trigal comienza a escalar la vida lenta pero firmemente. Apenas se nota diferencia entre un mes y otro; parece que no crece. Cuando vuelves unos meses más tarde, con tus asombrados ojos te encontrarás con el espectáculo conmovedor de un inmenso trigal dorado, ondulado suavemente por la brisa. ¿De dónde viene esta maravilla? De las noches horribles del invierno. Por haber sobrevivido con una obstinada perseverancia en las largas noches del invierno, hoy tenemos este espectáculo.

No hay más. Cuando llegue la hora en que parezca que, en lugar de adelantar, retrocedes, mantente en pie, sobrevive, persevera como el trigal. Cuando la helada de la aridez o la niebla del tedio te penetren hasta los huesos, persevera con una ardiente paciencia: en tus firmamentos habrá estrellas y en tus campos espigas doradas».


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sábado, 27 de noviembre de 2010

El Adviento


Llega el tiempo de esperanza y espera.

El Adviento que nos invita a meditar en la venida del Niño. Todo este tiempo, estas cuatro semanas giran alrededor de Él. Es el tiempo de la primera venida del Señor en Belén, de ayer, de hoy, de mañana y de siempre.

Es el tiempo que se prepara para la gran fiesta y que nos dice que Nuestra Señora está preparada para que nazca el Niño que lleva en su vientre. Nuestro Rey de Reyes.

Es el tiempo para contemplar al Dios Inseparable, porque siempre ha cumplido con todos nosotros, en su vida como hombre, y dándonos en la cruz su amor como Salvador nuestro.

Preparar la Navidad es escuchar Su Voz, Su Palabra y disponer nuestros corazones para la gran fiesta que viene: el Nacimiento del Niño Dios.


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viernes, 26 de noviembre de 2010

"De lo que viví antes de confesarlo, recuerdo lo siguiente...


"El diablo"

"Como párroco de un pequeño pueblo, frecuentemente, cada domingo, salía por las calles y aprovechaba para saludar a la gente, dejándoles una catequesis escrita, especialmente a aquellos que por diversas razones no acudían al templo.

En aquella parroquia dedicada a San José, muchos tenían una costumbre que cumplían sin falta cada domingo, como si fuera un deber. Esto era tomarse “unas frías” -así llamaban ellos a la cerveza-. Por tanto, era fácil saber dónde encontrar este tipo de “fieles”, y entre ellos estaba también él.

Cierto día, al terminar mi recorrido, se acerca una señora para preguntarme si había reconocido al “diablo”. Según ella, yo lo había saludado y él había recibido uno de los mensajes que yo repartía. Yo no había visto al “diablo”, o por lo menos no recuerdo haber visto a ninguna ni a ninguno que se le pareciera.

En otra ocasión necesitaba ir al pueblo vecino para ayudar a un hermano sacerdote, pero el coche de la parroquia se había averiado y por ello necesitaba a alguien que me transportara.

Vaya sorpresa cuando, al preguntar a algunas personas quién podría ayudarme con este servicio, inmediatamente un niño me dijo: «Padre, si gusta llamo al “diablo” para que se lo lleve». No se imaginan lo que pensé en aquel momento. Parecía una broma, pero luego acepté la propuesta y ese día lo vi por primera vez…

Por un buen rato guardé silencio, pues era la primera vez que hacía un viaje así. Además pensé: ¿de qué puedo hablar con el diablo? Al poco tiempo le hablé, pero parecía más una entrevista que un diálogo. Ese día, antes de terminar el viaje y sin decir nada, dejé en su coche un escapulario de la Virgen del Carmen.

En adelante lo veía por todas partes; ya lo reconocía y, aunque siempre lo invitaba a la misa, él siempre me decía: “ahora no, algún día lo haré, tengo mis razones”.

El tiempo pasó, y cierto día un niño que esperaba en la puerta del templo me dijo que alguien me necesitaba urgentemente y que no quería irse sin antes hablar conmigo. El niño me explicó que se trataba de un enfermo grave. Entonces, rápidamente busqué todo lo necesario para la visita.

Cuán asombrado quedé cuando, al llegar a aquel lugar, descubrí que el enfermo grave que hacía varios días esperaba al sacerdote era Ramón, aquel a quien llamaban “el diablo”; un hombre del campo que había vivido situaciones humanas muy difíciles. No recordaba cuándo ni por qué le habían empezado a decir así, pero él se había acostumbrado. Ahora, postrado en una cama, padecía de un cáncer terrible y se acercaba a su final.

Recuerdo muy bien lo que él me dijo aquel día: «Padre, ¿me recuerda? Soy aquel que llaman “el diablo”, ¡pero mi alma no se la dejo a él; le pertenece a Dios! Por favor, ¿me puede confesar?»

Fue un momento muy especial, pero aún más cuando vi lo que apretaba en sus manos mientras lo confesaba: un escapulario; precisamente aquel que yo le había dejado en su coche. Ahora él lo portaba en su viaje a la eternidad. Luego, en aquella casa también pude ver una hoja sobre la confesión, una de aquellas que yo mismo le había dado un domingo al mediodía.

Qué grande y misterioso es Dios. Obra en silencio y con sencillez, pero además nos permite compartir con todos el don que nos ha dado.

Y ese día todo el pueblo lo comentaba (y también yo lo pensaba): ¡he confesado al diablo!".


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jueves, 25 de noviembre de 2010

Alguien desde Sevilla dijo:


Lo que a continuación he copiado para que lo lea todo aquél que pase por este blog.
Me parece una oración maravillosa abrazando a Cristo. Espontánea, sincera, rezada, implorada desde el rincón más profundo del alma; alguien con alma sensible que sabe amar, que espera, que cree y confía descansando plenamente en Él.

No puede ser má bella.

¡Disfrútenla!



"Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.

Tú eres el Hijo único del Padre.

Tú, para liberar al hombre,

aceptaste la condición humana

sin desdeñar el seno de la Virgen.

Tú, rotas las cadenas de la muerte,

abriste a los creyentes el reino del cielo.

Tú te sientas a la derecha de Dios

en la gloria del Padre.

Creemos que un día

has de venir como juez.

Te rogamos, pues,

que vengas en ayuda de tus siervos,

a quienes redimiste con tu preciosa sangre.

Haz que en la gloria eterna

nos asociemos a tus santos.

Salva a tu pueblo, Señor,

y bendice tu heredad.

Sé su pastor

y ensálzalo eternamente.

Día tras día te bendecimos

y alabamos tu nombre para siempre,

por eternidad de eternidades.

Dígnate, Señor, en este día

guardarnos del pecado.

Ten piedad de nosotros, Señor,

ten piedad de nosotros.

Que tu misericordia, Señor,

venga sobre nosotros,

como lo esperamos de ti.

En ti, Señor, confié,

no me veré defraudado para siempre".



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miércoles, 24 de noviembre de 2010

Conceptos de bellezas y “conceptos”



Las palabras que el Papa nos dejó en su viaje a España en La Sagrada Familia de Barcelona, debiera haberlas leído un profesor que tuve en la Facultad de las” bellas partes” de mi ciudad, y que me costó una de las calificaciones más bajas de la carrera porque se me ocurrió decir en alta voz que en el aseo, como obra de arte, que hay en el Museo de arte Contemporáneo de Nueva York con compresas usadas y pegadas, era una falta de respeto y un insulto a la inteligencia. Me respondió que yo nunca lo iba a entender, ni lo entendería jamás porque estaba obsoleta.

Gracias a Dios sigo obsoleta, antigua, pretérita y todo lo que quiera, pues para ese profesor, el concepto de belleza y de arte era esa porquería o también un pimiento en descomposición entre cristales; eso era para él una obra de arte que tiene colgado en el salón de su casa. Simplemente, nos dijo que la compró, porque era diferente a todo lo que ya se había realizado anteriormente y que jamás a nadie se le hubiera ocurrido. ¡Un Marcel Duchamp en vegetariano! Por lo visto, para este señor, un pimiento en descomposición es una obra de arte. Cosas peores y escatológicas tuve que estudiar en los textos.

Creo que el concepto de belleza que tiene nuestro Papa, es algo más instructivo e inteligente de lo que este señor enseña. Usted, señor profesor, se dedicó todo el curso a decir bobadas tras bobadas y “comerle el coco” a los que asistíamos a clase. Solo Dios sabe cuántos chalaos salieron de ella. Pero usted se quedó con dos obras mías que no me quiso devolver. En ella no había ni un pimiento ni nada por el estilo que pudiese herir ninguna sensibilidad.

Dejando atrás estos recuerdos que vienen a mi memoria, las bellísimas palabras que nuestro Papa pronunció sobre la belleza, el arte y Antonio Gaudí hacen que brote la emoción a mi alma haciendo que se me olvide todo lo demás.

“Y recordamos, sobre todo, al que fue alma y artífice de este proyecto: a Antoni Gaudí, arquitecto genial y cristiana consecuente, con la antorcha de su fe ardiendo hasta el término de su vida, vivida en dignidad y austeridad absoluta. Este acto es también, de algún modo, el punto cumbre y la desembocadura de una historia de esta tierra catalana que, sobre todo desde finales del siglo XIX, dio una pléyade de santos y de fundadores, de mártires y de poetas cristianos. Historia de santidad, de creación artística y poética, nacidas de la fe, que hoy recogemos y presentamos como ofrenda a Dios en esta Eucaristía”

Y es que, para ser artistas, no hace falta ser ni pagano ni teñirse de verde una cresta con el resto de la cabeza pelona, ni nada por el estilo.

Ser artista va mucho más allá que todo eso. Conozco artistas de talla internacional, que si se ven por la calle nadie podría decir que viven felices porque viven en/y para Cristo. Gente completamente normal que son famosas, famosísimas y viven tan felices, precisamente por eso, porque sus pinceles, sus cinceles, sus libros o poemas los dirige la mano del Altísimo, porque es Él quien mejor pinta, quien mejor modela, quien mejor escribe, quien más ama…y más.
Si tú lo amas a Él, es Él quien dirige tu obra para que esa obra se distinga de todas las demás.


“Ella es un signo, (refiriéndose a La Sagrada Familia), visible del Dios invisible, a cuya gloria se alzan estas torres, saetas que apuntan al absoluto de la luz y de Aquel que es la Luz, la Altura y la Belleza misma. En este recinto, Gaudí quiso unir la inspiración que le llegaba de los tres grandes libros en los que se alimentaba como hombre, como creyente y como arquitecto: el libro de la naturaleza, el libro de la Sagrada Escritura y el libro de la Liturgia. Así unió la realidad del mundo y la historia de la salvación, tal como nos es narrada en la Biblia y actualizada la Liturgia”.


Si la obra del artista sale de un hijo enamorado de Dios como fue Gaudí, se convierte en obra grandiosa como es La Sagrada Familia. Finalizo escogiendo estas palabras de nuestro Santo Padre.


“E hizo algo (refiriéndose a Gaudí) que es una de las tareas más importantes hoy: superar la escisión entre conciencia humana y conciencia cristiana, entre existencia en este mundo temporal y apertura a una vida eterna, entre belleza de las cosas y Dios como Belleza. Esto lo realizó Antoni Gaudí no con palabras sino con piedras, trazos, planos y cumbres. Y es que la belleza es la gran necesidad del hombre; es la raíz de la que brota el tronco de nuestra paz y los frutos de nuestra esperanza"




Os pongo este enlace sobre la belleza precioso.


+C

domingo, 21 de noviembre de 2010

Un solo poema

Acuarela - Capuchino de Silos


Quisiera escribir en mi alma un poema inmenso y vivo.

Un poema tan vivo como el mar y tan inmenso como el universo.

Reposado y alegre en la mañana, azul y de estrellas en la noche.

Un poema que llegue al cielo con mis alas para llegar a tu Verdad.

Un poema transparente como el aire, sencillo y silencioso.

Un poema que sea como el tallo de una joven flor recién nacida que muere feliz en unas horas por haberte servido con su aroma.

¡Qué locura si el mar manara de mis ojos al encontrarlo!

¡Qué sentir infinito sería en mí con solo hallarlo!

Un poema que te encuentre, sin posible pasado que me altere.

De siempre busco ese poema que te ame y con él al resto de las almas.

Ya cae la noche y en oración, me suspendo en tu recuerdo para poder descubrirlo entre mis sueños.

Un solo poema, mi Dios, mi Rey.



+Capuchino de Silos

sábado, 20 de noviembre de 2010

¡¡¡Viva Cristo Rey!!!


No he encontrado nada mejor para el bellísimo día de Nuestro Cristo Rey que este canto de fe, de dolor, de vida, de justicia, de verdad, de humildad, de paz, de generosidad, de esperanza, de amor, de alegría, de santidad, de alma enamorada del Señor.


Una preciosa letanía al mismo Rey de Reyes.




O REX!


Rey nuestro que estás en los cielos


de los cielos, donde reinas,


de donde descendiste y viniste


a nosotros, nuestra tierra;


Rey nuestro, con trono de pesebre,


adorado por los pobres,


cantado por los ángeles,


llorado por los inocentes,


temido por los reyes;


Rey nuestro, honor de los humildes,


salud de los moribundos,


virtud de los pecadores,


victoria de los vencidos,


fuerza de los rendidos;


Rey nuestro, humilde y manso


de corazón, paciente,


sufriente, ardiente,


doliente, amante;


Rey nuestro, traicionado,


vendido, prendido,


abandonado, olvidado;


Rey nuestro, humillado,


vencido, injuriado,


flagelado, escarnecido,


enclavado, traspasado,


descendido, sepultado,


Rey resucitado!


Rey que ascendiste,


que subiste, que reinas,


que sabes, que pesas,


que miras, que juzgas,


Rey que reinas,


que alientas,


que animas,


que vences;


Rey clamado,


Rey temido,


Rey esperado,


Rey que viniste,


que vienes,


que vendrás;


Rey de eterna majestad,


de todo poder,


de toda gloria;


Tú que sólo eres Rey,


que riges todo con mano


de bondad y cetro de paz,


Tú, el único Rey,


Tú, el Rey de verdad,


Tú, nuestro Rey,


Oh Rey!






José A. Parrilla (sacerdote)


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miércoles, 17 de noviembre de 2010

Del piano a los gatos


Era pequeña. Mi hija tenía seis años cuando nos dijo que quería estudiar piano. Parecía, el capricho de una niña con ganas de jugar con un teclado blanco y negro haciendo “música” dodecafónica con todo su sistema atonal.


Primero tienes que estudiar solfeo, le dijimos.
Y así fue. Pasó el año y comenzó, por libre, el árido curso de solfeo en su primer año.
Antes del examen en el Conservatorio nos hizo la siguiente propuesta:


- Mamá, si saco buena nota me regaláis una gatita.


- Si, pero tienes que sacar muy, muy buena nota. Esperábamos que eso no se produjera.


Pero aquella pizca de dos trencitas y vestidito rosa chicle gastado, sacó la máxima calificación haciendo un precioso examen público con solo siete años.
Así que, a los pocos días, tuvimos que buscarle una gatita, animal que yo personalmente, nunca le había tenido simpatía por su “mala fama”. Siempre había tenido predilección por muchos animales pero a los gatos les tenía verdadera “manía”.
Pero como lo prometido es deuda, la gatita llegó. Y le llamó “Fusa”. A “Fusa” se le caía la baba cuando la acariciabas, y ronroneaba con un motor en su corazón dándonos las gracias, así que nuestro cariño se desbordó hacia ella.

“Fusa” de jovencita

El piano permaneció cerrado hasta que comenzó segundo de solfeo y primero de piano y con ello la segunda propuesta.


-Mamá, ¿si saco buena nota le buscamos un gatito a “Fusa” para que no esté solita? ¡Ay, Dios mío!, pensé.


Ahora fueron dos las matrículas, una en solfeo y otra en piano y, por supuesto llegó el segundo gato que llamó “Bartók” como el compositor. Un precioso gato negro de maravillosos ojos cobre y una dulzura que nadie esperaba.




Aquí “Bartók” tenía pocos meses, por eso no tiene su pelaje definitivo, negro azabache

Después, con el tiempo, siguieron las matrículas y muchas más buenas cosas, todas buenísimas. Nunca, para ella, el piano fue un juego; si, una vocación de sacrificio casi sacerdotal. Gracias a Dios, sin propuesta de animales.


Yo, mientras tanto, iba conociendo a ese animal desconocido para mí, y para tantas personas por su mala fama. El gato es un animal muy inteligente. Su carácter es maravilloso y nos ha proporcionado momentos amorosos, divertidos y simpáticos. Depende también del cariño que reciba de su amo, pues su memoria es prodigiosa y si ha recibido algún mal trato, te lo hace pagar con su indiferencia, pero creo que tiene una historia atrás inmerecida.
Nuestros gatos como no eran callejeros y no se tenían que buscar el alimento y defenderse de los enemigos que se encuentran por las calles, quizás por eso también eran mejores que los de la calle.

+Capuchino de Silos



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domingo, 14 de noviembre de 2010

El trabajo silencioso de Dios


El nuevo sacerdote, recién asignado para reabrir una iglesia en los suburbios de Brooklyn, New York, llegó a comienzos de octubre entusiasmado con su primera oportunidad.
Cuando llegó a la iglesia se encontró con que estaba en pésimas condiciones y requería de mucho trabajo de reparación.
Se fijó la meta de tener todo listo a tiempo para la Nochebuena.
Trabajó arduamente, reparando los bancos, revocando las paredes, pintando, etc., y para el 18 de diciembre ya había concluido con casi todos los trabajos, adelantándose a la meta trazada.
El 19 de diciembre cayó una terrible tempestad que azotó el área por dos días completos.
El día 21 el sacerdote fue a ver la iglesia. Su corazón se contrajo cuando vio que el agua se había filtrado a través del techo causando un destrozo en la pared frontal del santuario, exactamente detrás del púlpito, dejando un hueco que empezaba como a la altura de la cabeza.
El sacerdote limpió el desastre en el piso, y no sabiendo que más hacer sino posponer el servicio de Nochebuena, salió para su casa.
En el camino notó que una tienda estaba llevando a cabo una venta del tipo “mercadillo” con fines caritativos, y decidió entrar.
Uno de los artículos era un hermoso mantel hecho a mano, color hueso, con un trabajo exquisito de aplicaciones, bellos colores y una cruz bordada en el centro.
Era justamente el tamaño adecuado para cubrir el hueco en la pared dañada. Lo compró y regresó a la iglesia.
Había comenzado a nevar.
Una mujer mayor iba corriendo desde la dirección opuesta tratando de alcanzar el autobús, pero finalmente lo perdió. El sacerdote la invitó a esperar en la iglesia, donde había calefacción, para espera al próximo autobús que tardaría tiempo en llegar.
La señora se sentó en el banco sin prestar atención al sacerdote, mientras este buscaba una escalera, ganchos etc., para colocar el mantel como tapiz en la pared. El sacerdote apenas podía creer lo hermoso que lucía y como cubría toda la parte dañada por el problema.
Miró a la mujer que venía caminando hacia donde él se encontraba. Su cara estaba blanca como una hoja de papel.
“Padre, ¿Dónde consiguió usted ese mantel?”
El padre le explicó. La mujer le pidió revisar la esquina inferior derecha para ver si las iniciales EGB aparecían bordadas allí.
Si estaban…
Esta eran las iniciales de la mujer y ella había hecho ese mantel 35 años atrás, en Austria.
La mujer apenas podía creerlo cuando el sacerdote le contó como acababa de obtener el mantel.
La mujer le explicó que antes de la guerra ella y su esposo tenían una posición económica holgada en Austria. Cuando los Nazis llegaron, la forzaron a irse. Su esposo debía seguirla la semana siguiente.
Ella fue capturada, enviada a prisión y nunca volvió a saber de su esposo, ni de su hogar.
El sacerdote la llevó en el coche hasta su casa y ofreció regalarle el mantel, pero ella lo rechazó diciéndole que era lo menos que podía hacer después de la amabilidad que él había tenido con ella.
Se sentía muy agradecida pues vivía al otro lado de Staten Island y solamente estaba en Brooklyn por el día para un trabajo de limpieza de una casa.
El oficio de la Nochebuena fue precioso.
La iglesia estaba casi llena.
La música y el espíritu que reinaban eran increíbles.
Al final del servicio, el sacerdote despidió a todos en la puerta y muchos expresaron que volverían.
Un hombre mayor, que el sacerdote reconoció del vecindario, seguía sentado en uno de los bancos y mirando hacia el frente, y el sacerdote se preguntaba por qué no se iba.
El hombre le preguntó donde había obtenido ese mantel que estaba en la pared de enfrente, porque era idéntico al que su esposa había hecho atrás en Austria antes de la guerra y cómo podía haber dos manteles idénticos.
Él le relató al sacerdote como llegaron los Nazis y como él forzó a su esposa a irse, para la seguridad de ella, y como él estaba dispuesto a seguirla, pero había sido arrestado y enviado a prisión. Nunca volvió a ver a su esposa ni su hogar en todos aquellos 35 años.
El sacerdote le preguntó si le permitiría llevarlo con él a dar una vuelta.
Se dirigieron en el coche hacia Staten Island parando en la misma casa donde el padre había llevado a la mujer tres días antes.
Ayudó al hombre a subir los tres pisos de la escalera que conducía a la casa de la mujer.
Tocó en la puerta y presenció la más bella reunión de Navidad que pudo haber imaginado.


Una historia real, ofrecida por el sacerdote Rob Reid, quien dice que Dios trabaja de manera silenciosa.



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Ángelo cumple años




Para felicitar a Ángelo por su cumple, pinchar aquí.

¡¡¡F E L I C I D A D E S!!!

¡ MUCHAS GRACIAS !  ME HE VISTO.  EL VÍDEO ES PRECIOSO










+C.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

El violinista


Cierto día, un músico callejero se situó en la entrada del metro “L’Enfant Plaza” de Washington. Era una mañana muy fría del mes de enero.

El violinista estuvo tocando 45 minutos. Comenzó con Bach, siguió con Schubert, Massenet, otros, finalizando con Bach.
Eran las 8 de la mañana: la hora punta.
Pasaban cientos de personas frente a él, casi todas camino de sus trabajos.
A los pocos minutos, un hombre de avanzada edad reparó en el músico. Aminoró el paso, se detuvo unos segundos y emprendió de nuevo su camino. Un minuto más tarde, el músico recibió un primer dólar: sin pararse, una mujer lanzó un billete a la caja del violín. Poco después, un individuo se paró unos instantes a escuchar, pero al mirar su reloj, echó a andar de nuevo rápidamente; se le estaba haciendo tarde.
El que le prestó mayor atención fue un niño de 4 años. Su madre lo cogió y tiró de él, pero el pequeño seguía escuchando. Finalmente, su madre lo agarró fuertemente y siguieron andando.
El niño, mientras caminaba, seguía mirando al músico con la cabeza vuelta.
Durante los 45 minutos que el músico estuvo tocando, tan solo hubo 7 personas que se detuvieron a escucharlo, pero todas muy brevemente.
En total, logró reunir ¡32 dólares! Nadie miró cuando el músico dejó de tocar. Nadie le aplaudió.
De entre el millar de personas que pasó por delante de él, nadie lo reconoció.

Nadie notó que el músico era Joshua Bell, uno de los mejores violinistas del mundo.
En los pasillos del metro tocó algunas de las más difíciles partituras que jamás se han escritos, y todo ello… ¡con un Stradivarius de 1713 valorado en 3,5 millones de dólares!
Dos días antes de estos hechos, no quedaban entradas a la venta para su concierto en el teatro de Boston…
¡Costaban casi 100 dólares!

Si no nos detenemos unos segundo a escuchar a uno de los mejores músico del mundo cuando está tocando una de las más bellas partituras, ¿cuántas otras cosas extraordinarias nos estaremos perdiendo diariamente al no saber apreciarlas?



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domingo, 7 de noviembre de 2010

«San José acabará el templo».



"Por eso ahora, no deja de ser significativo que sea dedicado por un Papa cuyo nombre de pila es José “.

«Hoy es un día consagrado a nuestro Dios; no hagáis duelo ni lloréis… El gozo en el Señor es vuestra fortaleza» (Neh 8,9-11). Con estas palabras de la primera lectura que hemos proclamado quiero saludaros a todos los que estáis aquí presentes participando en esta celebración.

Saludos que omito.

Este día es un punto significativo en una larga historia de ilusión, de trabajo y de generosidad, que dura más de un siglo. En estos momentos, quisiera recordar a todos y a cada uno de los que han hecho posible el gozo que a todos nos embarga hoy, desde los promotores hasta los ejecutores de la obra; desde los arquitectos y albañiles de la misma, a todos aquellos que han ofrecido, de una u otra forma, su inestimable aportación para hacer posible la progresión de este edificio.

Y recordamos, sobre todo, al que fue alma y artífice de este proyecto: a Antoni Gaudí, arquitecto genial y cristiana consecuente, con la antorcha de su fe ardiendo hasta el término de su vida, vivida en dignidad y austeridad absoluta. Este acto es también, de algún modo, el punto cumbre y la desembocadura de una historia de esta tierra catalana que, sobre todo desde finales del siglo XIX, dio una pléyade de santos y de fundadores, de mártires y de poetas cristianos. Historia de santidad, de creación artística y poética, nacidas de la fe, que hoy recogemos y presentamos como ofrenda a Dios en esta Eucaristía.

La alegría que siento de poder presidir esta ceremonia se ha visto incrementada cuando he sabido que este templo, desde sus orígenes, ha estado muy vinculado a la figura de san José. Me ha conmovido especialmente la seguridad con la que Gaudí, ante las innumerables dificultades que tuvo que afrontar, exclamaba lleno de confianza en la divina Providencia: «San José acabará el templo». Por eso ahora, no deja de ser significativo que sea dedicado por un Papa cuyo nombre de pila es José.

¿Qué hacemos al dedicar este templo? En el corazón del mundo, ante la mirada de Dios y de los hombres, en un humilde y gozoso acto de fe, levantamos una inmensa mole de materia, fruto de la naturaleza y de un inconmensurable esfuerzo de la inteligencia humana, constructora de esta obra de arte. Ella es un signo visible del Dios invisible, a cuya gloria se alzan estas torres, saetas que apuntan al absoluto de la luz y de Aquel que es la Luz, la Altura y la Belleza misma. En este recinto, Gaudí quiso unir la inspiración que le llegaba de los tres grandes libros en los que se alimentaba como hombre, como creyente y como arquitecto: el libro de la naturaleza, el libro de la Sagrada Escritura y el libro de la Liturgia. Así unió la realidad del mundo y la historia de la salvación, tal como nos es narrada en la Biblia y actualizada la Liturgia. Introdujo piedras, árboles y vida humana dentro del templo, para que toda la creación convergiera en la alabanza divina, pero al mismo tiempo sacó los retablos afuera, para poner ante los hombres el misterio de Dios revelado en el nacimiento, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. De este modo, colaboró genialmente a la edificación de la conciencia humana anclada en el mundo, abierta a Dios, iluminada y santificada por Cristo. E hizo algo que es una de las tareas más importantes hoy: superar la escisión entre conciencia humana y conciencia cristiana, entre existencia en este mundo temporal y apertura a una vida eterna, entre belleza de las cosas y Dios como Belleza. Esto lo realizó Antoni Gaudí no con palabras sino con piedras, trazos, planos y cumbres. Y es que la belleza es la gran necesidad del hombre; es la raíz de la que brota el tronco de nuestra paz y los frutos de nuestra esperanza. La belleza es también reveladora de Dios porque, como Él, la obra bella es pura gratuidad, invita a la libertad y arranca del egoísmo. Hemos dedicado este espacio sagrado a Dios, que se nos ha revelado y entregado en Cristo para ser definitivamente Dios con los hombres. La Palabra revelada, la humanidad de Cristo y su Iglesia son las tres expresiones máximas de su manifestación y entrega a los hombres. «Mire cada cual cómo construye. Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, que es Jesucristo» (1 Co 3,10-11), dice San Pablo en la segunda lectura.

El Señor Jesús es la piedra que soporta el peso del mundo, que mantiene la cohesión de la Iglesia y que recoge en unidad final todas las conquistas de la humanidad. En Él tenemos la Palabra y la presencia de Dios, y de Él recibe la Iglesia su vida, su doctrina y su misión. La Iglesia no tiene consistencia por sí misma; está llamada a ser signo e instrumento de Cristo, en pura docilidad a su autoridad y en total servicio a su mandato. El único Cristo funda la única Iglesia; Él es la roca sobre la que se cimienta nuestra fe. Apoyados en esa fe, busquemos juntos mostrar al mundo el rostro de Dios, que es amor y el único que puede responder al anhelo de plenitud del hombre. Ésa es la gran tarea, mostrar a todos que Dios es Dios de paz y no de violencia, de libertad y no de coacción, de concordia y no de discordia. En este sentido, pienso que la dedicación de este templo de la Sagrada Familia, en una época en la que el hombre pretende edificar su vida de espaldas a Dios, como si ya no tuviera nada que decirle, resulta un hecho de gran significado. Gaudí, con su obra, nos muestra que Dios es la verdadera medida del hombre. Que el secreto de la auténtica originalidad está, como decía él, en volver al origen que es Dios. Él mismo, abriendo así su espíritu a Dios ha sido capaz de crear en esta ciudad un espacio de belleza, de fe y de esperanza, que lleva al hombre al encuentro con quien es la Verdad y la Belleza misma. Así expresaba el arquitecto sus sentimientos: «Un templo [es] la única cosa digna de representar el sentir de un pueblo, ya que la religión es la cosa más elevada en el hombre».

Esa afirmación de Dios lleva consigo la suprema afirmación y tutela de la dignidad de cada hombre y de todos los hombres: « ¿No sabéis que sois templo de Dios?... El templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros» (1 Co 3,16-17). He aquí unidas la verdad y dignidad de Dios con la verdad y la dignidad del hombre. Al consagrar el altar de este templo, considerando a Cristo como su fundamento, estamos presentando ante el mundo a Dios que es amigo de los hombres e invitando a los hombres a ser amigos de Dios. Como enseña el caso de Zaqueo, del que se habla en el Evangelio de hoy (cf. Lc 19,1-10), si el hombre deja entrar a Dios en su vida y en su mundo, si deja que Cristo viva en su corazón, no se arrepentirá, sino que experimentará la alegría de compartir su misma vida siendo objeto de su amor infinito.

La iniciativa de este templo se debe a la Asociación de amigos de San José, quienes quisieron dedicarlo a la Sagrada Familia de Nazaret. Desde siempre, el hogar formado por Jesús, María y José ha sido considerado como escuela de amor, oración y trabajo. Los patrocinadores de este templo querían mostrar al mundo el amor, el trabajo y el servicio vividos ante Dios, tal como los vivió la Sagrada Familia de Nazaret. Las condiciones de la vida han cambiado mucho y con ellas se ha avanzado enormemente en ámbitos técnicos, sociales y culturales. No podemos contentarnos con estos progresos. Junto a ellos deben estar siempre los progresos morales, como la atención, protección y ayuda a la familia, ya que el amor generoso e indisoluble de un hombre y una mujer es el marco eficaz y el fundamento de la vida humana en su gestación, en su alumbramiento, en su crecimiento y en su término natural. Sólo donde existen el amor y la fidelidad, nace y perdura la verdadera libertad. Por eso, la Iglesia aboga por adecuadas medidas económicas y sociales para que la mujer encuentre en el hogar y en el trabajo su plena realización; para que el hombre y la mujer que contraen matrimonio y forman una familia sean decididamente apoyados por el Estado; para que se defienda la vida de los hijos como sagrada e inviolable desde el momento de su concepción; para que la natalidad sea dignificada, valorada y apoyada jurídica, social y legislativamente. Por eso, la Iglesia se opone a todas las formas de negación de la vida humana y apoya cuanto promueva el orden natural en el ámbito de la institución familiar.

Al contemplar admirado este recinto santo de asombrosa belleza, con tanta historia de fe, pido a Dios que en esta tierra catalana se multipliquen y consoliden nuevos testimonios de santidad, que presten al mundo el gran servicio que la Iglesia puede y debe prestar a la humanidad: ser icono de la belleza divina, llama ardiente de caridad, cauce para que el mundo crea en Aquel que Dios ha enviado (cf. Jn 6,29).

Queridos hermanos, al dedicar este espléndido templo, suplico igualmente al Señor de nuestras vidas que de este altar, que ahora va a ser ungido con óleo santo y sobre el que se consumará el sacrificio de amor de Cristo, brote un río constante de gracia y caridad sobre esta ciudad de Barcelona y sus gentes, y sobre el mundo entero. Que estas aguas fecundas llenen de fe y vitalidad apostólica a esta Iglesia archidiocesana, a sus pastores y fieles.

Deseo, finalmente, confiar a la amorosa protección de la Madre de Dios, María Santísima, Rosa de abril, Madre de la Merced, a todos los que estáis aquí, y a todos los que con palabras y obras, silencio u oración, han hecho posible este milagro arquitectónico. Que Ella presente también a su divino Hijo las alegrías y las penas de todos los que lleguen a este lugar sagrado en el futuro, para que, como reza la Iglesia al dedicar los templos, los pobres puedan encontrar misericordia, los oprimidos alcanzar la libertad verdadera y todos los hombres se revistan de la dignidad de hijos de Dios. Amén."



+C.


sábado, 6 de noviembre de 2010

viernes, 5 de noviembre de 2010

Feliz viaje, Santo Padre



¡¡¡GRACIAS POR VENIR!!!.


Nuestra catalana, Alicia de Larrocha, que interpretó al piano la música española como nadie, y sabiendo que Su Santidad es pianista, le llevamos los compases de "Sevilla" una pieza de la Suite Española, de otro español y catalán, Isaac Albéniz desde otra ciudad de ESPAÑA, Sevilla.




¡¡¡TODOS UNIDOS EN LA ORACIÓN AL SANTO PADRE !!!

+C

martes, 2 de noviembre de 2010

Mes de difuntos


Hace un tiempo, leí en algún sitio, este artículo y me pareció muy apropiado para estos días y para siempre ¿por qué no? Que los católicos recordemos y pidamos al Señor por los que mueren a diario en la Santa Misa, creo que es una buena obra de caridad.


No puedo decir el nombre de la persona que escribió este artículo porque no lo recuerdo. Sé, eso si, que es un sacerdote. Sea quien sea, vive una preciosa espiritualidad.
He sustraído algún trocito para acortarlo, pero merece la pena leerlo.


Otro día pondré la parte del purgatorio que no tiene desperdicio.


"Ayudar a los moribundos".


"Creo que la mejor obra de caridad que podemos hacer es ayudar a una persona a bien morir, y ayudar a un alma que está en el purgatorio, que no puede hacer nada por ella misma, pero que desde aquí le podemos ayudar muchísimo. Primero ayudar a los moribundos.


El interés que yo pongo por ayudar a un moribundo es la obra de caridad más eficaz y más apostólica de todas las que puedo hacer. Porque todas las demás personas a quienes yo procuro ayudar apostólicamente, quizás conserven todo lo que trabajo con ellas; pero no sé. No sé qué rumbo van a tomar a lo largo de su vida Ahora, lo que haga yo con un moribundo, ése es trabajo seguro. Si yo logro ayudar a un moribundo a que muera en gracia, es solución definitiva.


Eso ya no se estropea. Por eso es tan eficaz apostólicamente ayudar a bien morir a las personas. Es el mayor favor que yo puedo hacer a una persona. Lo va a disfrutar toda la eternidad. Esto puedo hacerlo de palabra con un familiar, o con un amigo a quien visito en su lecho de muerte. Pero también puedo ayudar a los moribundos de todo el mundo.


¿Cómo les ayudo a bien morir? Rezando por ellos. Pidiendo por ellos. Sencillo. Si la oración es eficaz, si la oración es infalible en algo, es cuando pido por un moribundo. Cristo en el Evangelio nos habla muchísimo de «Pedid y recibiréis», «Buscad y hallaréis»: de la fuerza de la oración. Cristo habla en el Evangelio incluso con frases hiperbólicas: «Pídele a esa higuera que se traslade al mar, y la higuera se trasladará al mar». La fuerza de la oración es impresionante.


Sólo hace falta una condición para que la oración sea eficaz: que yo pida lo que conviene; porque si yo pido lo que no conviene, Dios, naturalmente, no me hace caso. Como la madre de familia, que cuando el niño se echa a llorar porque quiere el cuchillo de cocina, la madre no le da el cuchillo de cocina, porque se va a cortar. Le da un sonajero, le da un juguete; pero no le da el cuchillo de cocina.


Ahora, lo que sí sé, es que si yo pido la conversión de un moribundo, eso conviene seguro. La condición indispensable es que yo pida una cosa buena. Esta condición se cumple si yo pido la conversión de un moribundo. Eficacia segura, infalibilidad segura. No hay más que una dificultad: que el otro quiera. Si el otro no quiere, no hay nada que hacer. Porque Dios no salva a nadie contra su voluntad. Dios no mete a la gente a empujones en el cielo. Hace falta que el otro quiera. Porque si el otro rechaza la gracia, nada.


Pero es evidente que si yo pido para un moribundo un aumento de gracia, ese moribundo recibe el aumento de gracia. Eso es infalible. Ahora, ese moribundo, ¿aceptará el aumento de gracia, o no lo aceptará? No sé. Quizás el otro rechace el aumento de gracia. Entonces no sirve. Pero como yo pido por todos los que van a morir hoy en el mundo, no todos van a rechazar la gracia recibida. Mañana pediré por los de mañana. Y pasado por los de pasado. Pero hoy, voy a pedir por todos los que van a morir hoy. Yo pido un aumento de gracia para todos los que van a morir hoy. Y Dios, seguro que les da ese aumento de gracia, porque pido una cosa buena.


Por lo tanto, gracias a mi oración, todos los que van a morir hoy, van a recibir un aumento de gracia. ¿Algunos la rechazarán? Pues quizás, sí. Pero, ¿y el que la aproveche? Alguno se aprovechará. ¿Cuántos? No sé. ¿Uno? ¿Cien? ¿Mil? Alguno se aprovechará. Algunos de esos hombres iban a rechazar una gracia, que era suficiente, pero no era eficaz; no les bastaba. Pero al recibir esa nueva gracia que yo les consigo, piden perdón, se arrepientan, y se salvan. Y se han salvado gracias a mí. Gracias a la oración que yo he hecho por ellos Porque han correspondido a una gracia que no tenían.


Dios les había dado la gracia suficiente. Pero este aumento de gracia que yo he pedido para ellos, y que Dios no me la niega, hace que la gracia suficiente haya resultado eficaz. Si yo logro con mi oración de todos los días, un aumento de gracia, y algún moribundo cada día gracias a ese aumento de gracia pide perdón, se arrepiente y se salva, fijaos, ¡la cantidad de gente que se puede haber salvado gracias a mi oración!


Y, ¿qué oración hago para que se salven? ¿Cuándo hago esa oración? Yo la hago en la santa Misa. En el punto central de la Misa. En el momento de la consagración. En la elevación, cuando estoy elevando la Sagrada Forma, y cuando estoy elevando la sangre de Cristo en el cáliz, yo digo esto:


«Señor mío y Dios mío: que tu santa redención consiga mi salvación eterna y la de todos los que van a morir hoy. Amén».


«Señor mío y Dios mío» que es un acto de fe evangélico. Lo dijo Santo Tomás. Además es una devoción muy española y muy popular. Siempre nos han enseñado de pequeños que en la elevación digamos mirando a la Sagrada Forma y mirando al cáliz: «Señor mío y Dios mío». Después de este acto de fe tan bonito, tan español y tan evangélico «Señor mío y Dios mío», añado: «que tu santa redención» que se está repitiendo en la misa. El sacrificio de la misa es la repetición de la muerte de Cristo en la cruz.
Sigo: «...que tu santa redención consiga mi salvación eterna». Todos podemos tener un mal cuarto de hora. ¡Dios nos tenga de su mano! Hay que ser humildes y reconocer nuestra fragilidad. Tendría poca gracia que ayudemos a otros a morir, y nos condenemos nosotros: «triste cosa será, pero posible». Termino: «...que tu santa redención consiga mi salvación eterna y la de todos los que van a morir hoy Amén».


Esto lo digo todos los días en la Santa Misa, mientras tengo la Sagrada Forma en mis manos, y mientras tengo el cáliz. Dice San Alfonso María de Ligorio que quien pide su salvación, se salva. Por mi salvación y por la de los demás. Hoy por los de hoy, mañana por los de mañana y pasado por los de pasado.


Evidente, que mi oración conseguirá que alguno, que iba a morir en pecado, porque la gracia que tenía no le bastaba, con el aumento de gracia que yo le consigo pida perdón y se salve. Qué fenomenal obra de caridad con ese moribundo que se iba a condenar y gracias a mí se ha salvado. Y cuando él en el cielo sepa que se salvó gracias a mí, porque he pedido por él, y le he conseguido un aumento de gracia, ¡fijaos el ejército de amigos que tendremos en el cielo pidiendo a Dios e interesándose por nuestras cosas!"


¿Qué os ha parecido? A mí, maravilloso.


+&.


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lunes, 1 de noviembre de 2010

¿Podemos ser santos?


Los santos de los altares no fueron hombres y mujeres de plexiglás, ni de barro, ni de yeso, ni de madera policromada, fueron hombres y mujeres como nosotros, con las mismas debilidades, los mismos sufrimientos y las mismas alegrías, aunque nos lo pinten tan distantes, que nos parece, quizás, que nos es difícil imitarlos y que la santidad está muy lejos de alcanzarla, porque sus vidas no han sido como las nuestras.


Es verdad que en las vidas de los santos ha habido cosas extraordinarias, pero esas cosas extraordinarias han sido el resultado de la voluntad y misericordia de Dios. Lo que les hizo santos no fueron, precisamente, esas cosas extraordinarias. Los que les hizo santos fue la fe, el agradecimiento, la generosidad y la confianza puestas en Dios por ese amor que de Él recibían cada día; es el mismo Amor que recibimos nosotros diariamente.


Los santos de ayer, de hoy y de mañana son y serán hombres y mujeres que van al trabajo, que descansan al final del día, que cogen el autobús, y que enferman; pero en sus vidas no falta Dios en ningún momento. Sus ojos y sus almas están puestas en Él.


Ser santo, es estar muy cerca del Señor cada día y aspirar a serlo cada día; y Él, que es un Escultor de primera categoría, nos irá esculpiendo poco a poco porque lo lleva haciendo desde siempre, desde el mismo día en que nacimos. En nosotros está en decir si o no a sus propuestas.


Es cierto, que vivimos unos momentos que ayudan muy poquito; (ayer mismo, murieron 58 católicos), nuestro pobre Papa y la Iglesia entera, sufre por los muchísimos enemigos y problemas que tiene y que le surgen a diario, pero siempre, gracias a Dios siempre, la Iglesia ha salido victoriosa. Nunca le han faltado valientes seguidores que le han respondido sin rechistar y que le han ayudado a que la Iglesia siga sobreviviendo, a pesar de todos los pesares y de todos los ataques que ha ido encontrando a lo largo del camino.


Cristo nos llama para ser santos, santos de carne y hueso, sin coronita de ningún tipo para que algún día podemos estar y disfrutar con Él en el cielo.



+Capuchino de Silos