miércoles, 29 de diciembre de 2010

Vengo para decirte...


...que soy un enamorado de la pureza. Que busco un corazón puro, como un diamante, para que sea el lugar de mi descanso.


Quisiera que me preparases tu gran palacio y me lo adornes y compongas para que pueda hacer contigo la mejor fiesta a la hayas asistido nunca. Puedo venir a verte y quedarme a vivir en esa tu morada. Para ello haz de limpiarla de toda suciedad y lanzar de allí toda maldad del mundo vacío que te rodea.


Debes sentarte y retirarte a meditar tus caídas y errores para poder así recibirme como cualquier persona enamorada hace; así es como se conoce el amor del que recibe hospedando a la persona amada.


Con mi gracia y mi clemencia te sentaré a la mesa que prepararé solo para ti y puedas saborear los dulces y los mejores manjares que te ofreceré en ese día grande.


Pídeme, rézame y no te preocupes. Yo soy el que llama a tu puerta, y si te faltase algo yo supliré lo que te falta, pero recíbeme. Obtendrás la gracia de la fe, de la devoción, porque tengo misericordia y lo único que quiero es que me llames y me quieras.


Si no tienes devoción, no te preocupes. Reza, llámame, llora si es preciso, y no ceses hasta que poco a poco te vayan llegando las gotitas saludables de la gracia.


Tú me has de necesitar e invitar y nunca despreciar la gracia que te ofrezco y dispón con diligencia tu corazón para recibirme. Así debes conservarte antes y después de recibirme para ir alcanzando más y más de esta gracia que te brindo.


Guarda silencio y recógete en algún lugar tranquilo hasta cuando yo llegue, así podrás gozar de tu Dios pues tendrás al que nadie te podrá quitar.


Te quiere,


Jesús


+C.


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