viernes, 17 de diciembre de 2010

Una lágrima blanca



Ese día el cielo amaneció de un color azul intenso, pero el frio hizo que el rocío de la noche se congelara y el césped verde del jardín se cubriera con un velo blanco.


El almuerzo duró más que de costumbre, y cuando se depositaron sobre los platos los últimos restos del postre, ella quiso leerle a su familia el cuento, que por puro azar, acababa de recibir.


Un conjunto de hechos mágicos se habían producido para que ese cuento hubiese llegado a sus manos.


Ella, que viaja a menudo por un mundo que no es el habitual, descubrió un día, una pequeña historia. Correspondía a un libro que se titulaba “60 cuentos, Veinte líneas”. Le gustó tanto, que buscó el nombre del autor. Cuando lo encontró, le puso unas letras para felicitarlo por tan precioso hallazgo.


Él, que es un mago de los cuentos, le hizo llegar otro.


Este otro cuento era especial. Era diferente.


Tan diferente era, que ni siquiera, estaba escrito sobre papel.


En él se hablaba de adornos navideños. De los brillos de las bolas, de los días nevados y de la luz que desprendía una bola singular. Esta bola se diferenciaba del resto porque era de plata, con destellos de oro. También tenía una ventaja sobre las demás bolas navideñas; le susurraba una frase calladamente a una niña, para estar cerca del Portal y del Niño que iba a nacer.


El cuento era tan diferente, tan diferente, que… ¡hablaba del Niño.., de María.., de José..! En un tiempo en el que hablar de la Familia Divina, para muchos, no tiene sentido.


Y… hablaba de preciosos hechos que ocurrieron al final del cuento que no quiere revelar. Un final lleno de ternura y amor.


- ¿Qué por qué lo sabía? Porque yo estaba allí.


Ella no quiere y no contará el cuento, pero sí decir, que toda su historia le causó un cambio de ánimo intenso, agradable y delicioso.


Que le tiene un elevado grado de admiración y agradecimiento al autor por aquella historia inventada sólo para Adorar y Amar a un Niño que estaba a punto de nacer.


Habían pasado los años desde que este cuento fue escrito, y ahora, años después, ella lo estaba leyendo con emocionadas lágrimas.


Se levantó del asiento, abrió la puerta para salir al jardín a refrescar su rostro, y una lágrima resbaló haciéndose blanca sobre la escarcha.

Historia que me ocurrió el pasado año en esta misma época.

+C.

http://corazoneucaristicodejesus.blogspot.com


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