domingo, 12 de diciembre de 2010

De la mano de la Virgen de Guadalupe


 De nuevo con vosotros y con unas palabras preciosas del arzobispo primado de México.


“Ella se honra en ser nuestra Madre compasiva, nuestra y de todos los hombres que en esta tierra estemos en uno, y de todas las demás variadas estirpes de hombres", no para quitarnos las penas y problemas que nos templan, porque todos los que deseemos ir en pos de su Hijo hemos de "tomar su cruz y seguirlo"; pero siempre contando con que cuando quiera que "estemos fatigados y agobiados por la carga, Ella, a la par de Él, nos aliviará, pues su yugo es suave y su carga ligera", y para eso Ella ruega que le permitamos "escuchar nuestro llanto, nuestra tristeza, para remediar, para curar, todas nuestras diferentes penas, nuestras miserias, nuestros dolores."


Permite, pues, que mi corazón en amarte eternamente se ocupe, y mi lengua en alabarte, ¡Madre mía de Guadalupe! ¡Dueña mía, Señora, Reina, Dueña de mi corazón, mi Virgencita! haz que nunca angustie yo con duda alguna tu rostro, tu corazón; que con todo gusto vaya siempre a poner por obra tu aliento, tu palabra, que de ninguna manera lo deje jamás de hacer ni estime por molesto el camino", que sea siempre un fiel custodio de tu templo y de tu Imagen; que mi pobre vida, mi obra, y -si "por ventura llegara a ser digno, ser merecedor" de testimonio tan excelso- también mi sangre, sean una proclamación del rendido amor y fe que te profesamos y profesaremos siempre "los más pequeños de tus hijos".


+ NORBERTO RIVERA C.
ARZOBISPO PRIMADO DE MÉXICO


No tengo palabras para agradeceros el interés que os habéis tomado cada uno de vosotros. Soy de lágrima floja y han aflorado a mis ojos al leer tanto mensaje de cariño. Vosotros, no sabéis lo que os quiero y cuánto me he acordado de todos.


Gracias, gracias por todo y a todos. Estaréis en mi corazón siempre y lo que es más importante, cada día en la Santa Misa.


Os quiero.


+C.