jueves, 2 de diciembre de 2010

...al final de los días.




Soy perseverante, paciente y terca como una mula.

Y además como la viuda impertinente de la parábola. Incansable e insistente.

Tenga o no tenga ganas, allí que estoy. Hablando o intentando hablar con el Señor.

Unas veces pidiendo, otras agradeciendo y otras en silencio pero allí con Él y con la esperanza de que me escucha siempre aunque calladita esté.

Si esta es la fe que queda al final de los días, pues mira qué bien.

¡Cuánto me alegro, Dios mío!


+C.



 
 
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