domingo, 14 de noviembre de 2010

El trabajo silencioso de Dios


El nuevo sacerdote, recién asignado para reabrir una iglesia en los suburbios de Brooklyn, New York, llegó a comienzos de octubre entusiasmado con su primera oportunidad.
Cuando llegó a la iglesia se encontró con que estaba en pésimas condiciones y requería de mucho trabajo de reparación.
Se fijó la meta de tener todo listo a tiempo para la Nochebuena.
Trabajó arduamente, reparando los bancos, revocando las paredes, pintando, etc., y para el 18 de diciembre ya había concluido con casi todos los trabajos, adelantándose a la meta trazada.
El 19 de diciembre cayó una terrible tempestad que azotó el área por dos días completos.
El día 21 el sacerdote fue a ver la iglesia. Su corazón se contrajo cuando vio que el agua se había filtrado a través del techo causando un destrozo en la pared frontal del santuario, exactamente detrás del púlpito, dejando un hueco que empezaba como a la altura de la cabeza.
El sacerdote limpió el desastre en el piso, y no sabiendo que más hacer sino posponer el servicio de Nochebuena, salió para su casa.
En el camino notó que una tienda estaba llevando a cabo una venta del tipo “mercadillo” con fines caritativos, y decidió entrar.
Uno de los artículos era un hermoso mantel hecho a mano, color hueso, con un trabajo exquisito de aplicaciones, bellos colores y una cruz bordada en el centro.
Era justamente el tamaño adecuado para cubrir el hueco en la pared dañada. Lo compró y regresó a la iglesia.
Había comenzado a nevar.
Una mujer mayor iba corriendo desde la dirección opuesta tratando de alcanzar el autobús, pero finalmente lo perdió. El sacerdote la invitó a esperar en la iglesia, donde había calefacción, para espera al próximo autobús que tardaría tiempo en llegar.
La señora se sentó en el banco sin prestar atención al sacerdote, mientras este buscaba una escalera, ganchos etc., para colocar el mantel como tapiz en la pared. El sacerdote apenas podía creer lo hermoso que lucía y como cubría toda la parte dañada por el problema.
Miró a la mujer que venía caminando hacia donde él se encontraba. Su cara estaba blanca como una hoja de papel.
“Padre, ¿Dónde consiguió usted ese mantel?”
El padre le explicó. La mujer le pidió revisar la esquina inferior derecha para ver si las iniciales EGB aparecían bordadas allí.
Si estaban…
Esta eran las iniciales de la mujer y ella había hecho ese mantel 35 años atrás, en Austria.
La mujer apenas podía creerlo cuando el sacerdote le contó como acababa de obtener el mantel.
La mujer le explicó que antes de la guerra ella y su esposo tenían una posición económica holgada en Austria. Cuando los Nazis llegaron, la forzaron a irse. Su esposo debía seguirla la semana siguiente.
Ella fue capturada, enviada a prisión y nunca volvió a saber de su esposo, ni de su hogar.
El sacerdote la llevó en el coche hasta su casa y ofreció regalarle el mantel, pero ella lo rechazó diciéndole que era lo menos que podía hacer después de la amabilidad que él había tenido con ella.
Se sentía muy agradecida pues vivía al otro lado de Staten Island y solamente estaba en Brooklyn por el día para un trabajo de limpieza de una casa.
El oficio de la Nochebuena fue precioso.
La iglesia estaba casi llena.
La música y el espíritu que reinaban eran increíbles.
Al final del servicio, el sacerdote despidió a todos en la puerta y muchos expresaron que volverían.
Un hombre mayor, que el sacerdote reconoció del vecindario, seguía sentado en uno de los bancos y mirando hacia el frente, y el sacerdote se preguntaba por qué no se iba.
El hombre le preguntó donde había obtenido ese mantel que estaba en la pared de enfrente, porque era idéntico al que su esposa había hecho atrás en Austria antes de la guerra y cómo podía haber dos manteles idénticos.
Él le relató al sacerdote como llegaron los Nazis y como él forzó a su esposa a irse, para la seguridad de ella, y como él estaba dispuesto a seguirla, pero había sido arrestado y enviado a prisión. Nunca volvió a ver a su esposa ni su hogar en todos aquellos 35 años.
El sacerdote le preguntó si le permitiría llevarlo con él a dar una vuelta.
Se dirigieron en el coche hacia Staten Island parando en la misma casa donde el padre había llevado a la mujer tres días antes.
Ayudó al hombre a subir los tres pisos de la escalera que conducía a la casa de la mujer.
Tocó en la puerta y presenció la más bella reunión de Navidad que pudo haber imaginado.


Una historia real, ofrecida por el sacerdote Rob Reid, quien dice que Dios trabaja de manera silenciosa.



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