miércoles, 17 de noviembre de 2010

Del piano a los gatos


Era pequeña. Mi hija tenía seis años cuando nos dijo que quería estudiar piano. Parecía, el capricho de una niña con ganas de jugar con un teclado blanco y negro haciendo “música” dodecafónica con todo su sistema atonal.


Primero tienes que estudiar solfeo, le dijimos.
Y así fue. Pasó el año y comenzó, por libre, el árido curso de solfeo en su primer año.
Antes del examen en el Conservatorio nos hizo la siguiente propuesta:


- Mamá, si saco buena nota me regaláis una gatita.


- Si, pero tienes que sacar muy, muy buena nota. Esperábamos que eso no se produjera.


Pero aquella pizca de dos trencitas y vestidito rosa chicle gastado, sacó la máxima calificación haciendo un precioso examen público con solo siete años.
Así que, a los pocos días, tuvimos que buscarle una gatita, animal que yo personalmente, nunca le había tenido simpatía por su “mala fama”. Siempre había tenido predilección por muchos animales pero a los gatos les tenía verdadera “manía”.
Pero como lo prometido es deuda, la gatita llegó. Y le llamó “Fusa”. A “Fusa” se le caía la baba cuando la acariciabas, y ronroneaba con un motor en su corazón dándonos las gracias, así que nuestro cariño se desbordó hacia ella.

“Fusa” de jovencita

El piano permaneció cerrado hasta que comenzó segundo de solfeo y primero de piano y con ello la segunda propuesta.


-Mamá, ¿si saco buena nota le buscamos un gatito a “Fusa” para que no esté solita? ¡Ay, Dios mío!, pensé.


Ahora fueron dos las matrículas, una en solfeo y otra en piano y, por supuesto llegó el segundo gato que llamó “Bartók” como el compositor. Un precioso gato negro de maravillosos ojos cobre y una dulzura que nadie esperaba.




Aquí “Bartók” tenía pocos meses, por eso no tiene su pelaje definitivo, negro azabache

Después, con el tiempo, siguieron las matrículas y muchas más buenas cosas, todas buenísimas. Nunca, para ella, el piano fue un juego; si, una vocación de sacrificio casi sacerdotal. Gracias a Dios, sin propuesta de animales.


Yo, mientras tanto, iba conociendo a ese animal desconocido para mí, y para tantas personas por su mala fama. El gato es un animal muy inteligente. Su carácter es maravilloso y nos ha proporcionado momentos amorosos, divertidos y simpáticos. Depende también del cariño que reciba de su amo, pues su memoria es prodigiosa y si ha recibido algún mal trato, te lo hace pagar con su indiferencia, pero creo que tiene una historia atrás inmerecida.
Nuestros gatos como no eran callejeros y no se tenían que buscar el alimento y defenderse de los enemigos que se encuentran por las calles, quizás por eso también eran mejores que los de la calle.

+Capuchino de Silos



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