domingo, 24 de octubre de 2010

El estudiante burlón


Un obispo francés contó en su homilía dominical la anécdota siguiente:


"En un Viernes Santo, tres estudiantes universitarios de la Sorbona, paseaban por las calles de Paris. De pronto observaron como muchísima gente entraba en las iglesias para recibir el Sacramento de la confesión. Esto fue el inicio de un debate sobre pros y contras de esas “costumbres anacrónicas” y, así, subiendo el tono de la discusión llegaron a burlarse, despóticamente, de esas creencias; de la Religión y de la Fe. Hasta el punto de poner la Fe como pura superstición para gentes poco instruidas. De pronto, dos de ellos, se dirigen al que llevaba la voz cantante y le dijeron: ¿Serías capaz de entrar en esta Iglesia y contarle abiertamente al cura todo lo que hemos discutido? « Naturalmente » contestó y entró en la Iglesia. Esperó en la larga cola hasta que llegando al confesionario, dijo: “Señor cura, yo solo quería decirle que el Cristianismo no es más que una organización en camino de extinción y la Religión es pura superstición“. El cura, miró fijamente a los ojos del estudiante y respondió:«Por qué vienes aquí y me explicas esto a mí?». Allí explicó el estudiante sobre la discusión tenida con los amigos. Al escucharlo el cura le dijo:«Bien. Yo solamente tengo un deseo que quisiera que me realizara antes de marcharse. Ya que Ud. vino a mí cumpliendo la orden de sus amigos, siga también ahora mi invitación “Vaya, entrando por esta puerta, al Altar mayor. Allí encontrará una gran Cruz representando a Cristo crucificado. Póstrese ante Él y diga la frase siguiente:»Jesús murió por mi salvación – pero a mí eso no me interesa en absoluto”. El estudiante lo hizo, bajo al confesionario para decirle al cura. “Ya lo he hecho”. El Padre respondió: “Hágalo una vez más, por favor”-insistió-,” seguro que a usted eso no le molestará”. Fue por segunda vez al Altar mayor. Miró más detenidamente a la figura de Cristo y al final repitió:”Jesús murió por mi salvación- pero a mí eso no me interesa en absoluto”“Bueno,- dijo al regresar-, ya lo hice. Ahora quiero marcharme con mis amigos”“Una vez más, por favor!- interrumpió el cura-, una sola vez, después puede usted irse. Subió otra vez el estudiante al Altar. Miró nuevamente a Cristo en la Cruz. Se quedó largo rato allí….pensando. Volvió al confesionario para preguntarle al pastor: “Padre, puede por favor, confesarme?”. El Obispo francés, que hasta ese punto había contado la anécdota, se quedó un rato en absoluto silencio…..Y como si le fallara la voz por una emoción interna, continuó:“ Y bien mis queridos hermanos: Este joven estudiante de la Sorbona fui yo mismo”.


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