martes, 8 de junio de 2010

Entre Paul Newman y Anthony Hopkins


A Esperanza le gusta Paul Newman. Lo sé.
A mí, gustarme, gustarme, me lo tengo que pensar. Me atraía más antes porque no imaginaba, lo que imagino ahora que me he vuelto tiquismiquis. Ahora, cuando lo imagino, por guapo que sea, sentado con los pies encima de la mesa, en el porche de su gran rancho muy americano él, comiendo hamburguesas con patatas fritas en cartucho, y al lado de su cursilona esposa, Joanne Woodward, tengo que decir que me cae mal todo él. Porque los americanos comen hamburguesas con patatas en cartuchos y ponen los pies encima de la mesa, y para colmo, el pobre, se pone unas corbatas horrorosas y unos sombreros tejanos espantosos.
Decididamente, no, no me gusta. Los ojos, son muy bonitos.


El que a mí me alucina, me encanta, me embelesa, me cautiva y…mucho más, es Anthony Hopkins. Mmmmm. Llena la pantalla con sus formas y sus poderes mágicos. Y como es inglés me convence más.
Si, si, sé que le gusta el whisky, que le vamos a hacer. Nadie es perfecto. A mí también, un chupito, de cuando en vez. Es una bebida espirituosa y baja la tensión, por eso me gusta.
Él, el whisky y los mayordomos como Stevens que sacrifican su vida al servicio de su señor. Lo que más.





+C