miércoles, 19 de mayo de 2010

El sueño de los domingos


El sueño de los domingos es cálido como el dicho en colorido, tranquilo y apacible, un exceso, como las tortitas de nata con miel.
El domingo te entregas al sueño como si se tratara de un primer beso. Los relojes se paran y no existen horas para dejar de soñar con los que se hallan en estado de inocencia. Gozas del sueño como si de una visión plácida se tratase y conviertes en nubes, los algodones y mantas que te envuelven.
Ya no hay plantas que regar, ni lienzo que pintar, ni cocina que barrer. Siguen con mi mismo sueño, soñando con un nuevo amanecer, sin prisas, no hay horas, hasta ir más allá del domingo, que es otra semana.
Antes, rezas a las almas del purgatorio para que no te despierten y con voz oculta en tu alma, le hablas al Dios de tus sueños y de tu sueño, qué alegría.
Y vas sintiendo como tus ojos son cerrados por alguien que te ama; y te ofreces como esclava suya rindiéndote enamorada y fiel, y te duermes en un estado de reposo y ensoñación, sabiendo que a Dios le gusta tu sueño.


+Capuchino de Silos


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