miércoles, 12 de mayo de 2010

El cobijo de mis golondrinas

 Fotografía: Capuchino de Silos

Las golondrinas como cada primavera vuelven. Y no a mi balcón, porque en casa no tenemos balcones. Vienen cada año a nuestro garaje. Allí se sienten cobijadas de la lluvia, el aire, el sol y tienen la temperatura ideal para incubar varias veces.


Esta vez un poco más tarde porque no se llevan bien con el frio. Todavía, en estas fechas, a la caída de la tarde, calentamos suavemente la camilla de faldón largo para defendernos de la humedad de la tarde.


Al salir para sacar el coche, solemos acercarnos sigilosamente, y allí permanece fiel a sus hijitos siempre uno de los dos. Su vuelo es tan rápido que no les distingo el género cuando salen del nido; me imagino que con disgusto al descubrirnos, alejándose sólo unos metros para volver de nuevo y seguir alimentando a la prole.


Allí, en el mismo lugar de siempre, vuelven anidar cada año en los albores de la primavera donde comenzaron hace años. ¿Las mismas o son los hijitos que recuerdan encantados el suave y calentito lugar dónde nacieron?


Las de Gustavo Adolfo ya no siguen volviendo a su balcón. La casa la vendieron, la restauraron y el nido desaparecería en alguna cuba. Además estarían hartas de tanto volver al mismo lugar y de tanto poema.


Ese vuelo se lo llevó él con las preciosas golondrinas que siempre vuelven buscando cada una su refugio terminal.






Por consejo de Esperanza os pongo lo que suelen comer las golondrinas.


De Google: "Las golondrinas son netamente insectívoras. Su dieta está integrada preferentemente por moscas, mosquitos, hormigas aladas, libélulas y minúsculos coleópteros, es decir, por pequeños insectos voladores. Solo excluyen de su menú a aquellos pocos que poseen aguijones venenosos. Dado que se trata de aves muy activas y resistentes, necesitan comida en abundancia y por eso comen casi permanentemente. Para ello se valen de su agilidad de vuelo y de su excelentemente desarrollado sentido de la vista.


La manera en que se procuran el alimento es muy particular. Se deslizan en forma rasante a escasa distancia del suelo y apenas divisan su presa la atrapan y degluten en vuelo. Ni siquiera para beber detienen el movimiento. Su proceso digestivo es rápido y eficiente. Después de engullir al insecto expulsan, convertidas en bolitas, las partes del mismo no aprovechables que son los élitros y las patas".


+Capuchino de Silos


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