sábado, 13 de febrero de 2010

Seguir amando


Era una mañana agitada, cuando un señor mayor de unos 80 años, llegó a las 8.30 al hospital para que le sacaran los puntos de su pulgar. El señor dijo que estaba apurado y que tenía una cita media hora más tarde.
Comprobé sus señales vitales y le pedí que tomara asiento, sabiendo que quizás pasaría más de una hora antes de que alguien pudiera atenderlo. Lo vi mirando su reloj y decidí, que ya que no estaba ocupado con otro paciente, podría examinarlo. Durante el examen, comprobé que estaba curado y le pedí a uno de los doctores, los elementos necesarios para quitarle los puntos de su herida.
Mientras le realizaba la intervención, le pregunté si tenía una cita con otro médico esa mañana, ya que lo veía muy preocupado.
El señor me dijo que no, que necesitaba ir al geriátrico para desayunar con su esposa. Le pregunté sobre la salud de ella.
Él me respondió que su mujer hacía tiempo que estaba allí y que padecía la enfermedad de Alzheimer.
Le pregunté si se enfadaría si llegaba un poco tarde.
Me respondió que hacía tiempo que ella no sabía quién era él, que hacía cinco años que no podía reconocerlo.
Me sorprendió, y entonces le pregunté, ¿Y usted sigue yendo cada mañana, aun cuando ella no sabe quién es usted?
El sonrió y me acarició la mano “Ella no sabe quién soy, pero yo aún sé quién es ella”.

+&


'