viernes, 26 de febrero de 2010

Autoevaluación


Patio de mi Facultad

Dentro de “Mí carpeta” encuentro el texto que está relacionado con una de las épocas más bonitas de mi vida, cuando me encontraba aún en la Facultad de Bellas Artes, finalizando la carrera.


Saco los pliegos con el máximo cuidado, y lo primero que hago es olerlo y besarlo. El papel ha tomado un precioso color de pan sin hornear y un olor agradable a nada en particular, y sí a muchas cosas.
Es una fotocopia del manuscrito de una autoevaluación para Historia de la Pintura, que la catedrática nos hizo hacer, una vez finalizado el examen final correspondiente a esa asignatura.
Este es el texto:


AUTOEVALUACION


El punto de partida sería poderme liberar de la ignorancia y recobrar el conocimiento para tener la facultad necesaria y poder analizar con detalles, todos y cada uno de los puntos que intervienen en matizar la autenticidad que interviene en mi persona para llegar al objetivo que se requiere.
Tengo que dar marcha atrás y situarme en ese primer día, cuando pisé esta Facultad quedando paralizada en el patio llorando de alegría.
¡No podía ser verdad lo que me estaba pasando y lo que había conseguido después de tantísimos años de sueños y esfuerzos hasta conseguir la entrada a esta mi Facultad!
Desde pequeña quise dedicarme a esta carrera (y…no pudo ser). Y…ahora, estoy a punto de finalizarla. ¡Qué cosas! Con Historia de la Pintura e Historia del Arte, primero Dios, como dicen en México, la finalizaré. ¡Qué sueño!
Si mis lágrimas aquel día del patio dieron riendas sueltas, cuando finalice, también lo harán, pero las razones serán diferentes. La primera vez, fueron lágrimas de alegría. Después serán lágrimas de tristeza porque cerraré otra etapa de mi vida y eso me partirá el alma.
La primera vez que pisé este suelo, donde he vivido y he estudiado gran parte del día, me ha hecho sentir la persona más dichosa de este mundo. Para mí, es el máximo premio que me han podido dar en toda mi vida. Iban a quedar tras de mí, años de absoluta soledad luchando para aprender.
Ahora ya no iba a estar sola, pues en ese afán de ir descubriendo los misterios de la pintura, iba a tener maestros. Mis pinceles no iban a ser mis únicos compañeros, los errores que había cosechado a lo largo de tantos años iban a ser corregidos. Atrás, iban a quedar también horas de muchos sacrificios y estudios para poder alcanzar este sueño que ahora estoy viviendo y que cada día se llena de algo nuevo.
Aquí comenzaba un modo distinto de meditar, de detenerme para recapacitar sobre la vida y examinar en la realidad e intimidad de las cosas, del estudio, del aprendizaje, y que contribuyen cada día a su descubrimiento. En cierto modo, era como atrapar entre mis manos algo muy valioso. Ese algo tan valioso como es mi trabajo diario. Con él, he ido dando forma al deseo y pensamiento entre la realidad y lo que quiero.
El arte en general, es de las pocas satisfacciones que nos hacen soñar y que debemos tenerlo como signo de libertad; y esa práctica del arte, servirnos de liberación. Ese universo de nuestros propios sueños, ese paisaje de nuestra vida, más que un motivo, es el mejor sentimiento de alivio, es el remedio más eficaz para mejorar el dolor.
¡Estoy tan satisfecha!
Aquí soy… ¡Felicísima! Ese es mi mayor premio. Mi máxima nota. Tengo que dar gracias por ello. Mi trabajo, mi dedicación, mi esfuerzo, mi Amor por esta carrera. Todo esto y muchas más cosas, me han servido para descubrir y analizar el dinamismo interior que me ha arrastrado hasta este maravilloso proyecto motivado por el deseo de conocer y saber sobre la pintura y el arte en general.
Hay que AMAR para aprender y entender.
Lo que no sé, es… si he amado lo suficiente.

+Capuchino de Silos


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