viernes, 22 de enero de 2010

Párroco de Mendavia


Domingo Urtasun Martínez, nacido en Arboniés hace 59 años, estudió con los Agustinos y en 1972 fue ordenado presbítero. Entre 1974 y 1997 trabajó en Nicaragua donde se enfrentó a Somoza.


Hoy es párroco de Mendavia (municipio de la Comunidad Foral de Navarra).


Hace unos días, al recoger el correo, encuentra sorprendido una carta de ETA exigiéndole más cooperación por la lucha de Euskal Herria.


Esta fue su contestación.


A quien concierna:
He recibido una carta, sin remite y sin firma, a la que contesto públicamente con la esperanza de que sea leída por los interesados.
Mi primera impresión fue de sorpresa. Pero después de releerla detenidamente, no dudé en pensar que lo que tenía en mis manos era un panfleto del más rancio corte estalinista. Esto se desprende del primer párrafo que dice literalmente: “Nos dirigimos a Vd. porque venimos constatando su inhibición y escaso interés en la defensa de la Iglesia Vasca”. ¿Desde cuándo existe “iglesia vasca”? ¿Quién es el fundador de tal iglesia? ¿Quiénes son sus autoridades? ¿En qué lugar de Euskal Herria residen?...No Alarguemos inútilmente este interrogatorio. Yo he sido bautizado en la Iglesia Católica, que tiene su origen y fundamento en Jesucristo. Mi Obispo y el Papa son mis autoridades. Y todos mis esfuerzos están orientados en esa dirección. Por otra parte, ¿quiénes son ustedes para pretender “obligarme a trabajar más activamente por una Euskal Herria libre, soberana e independiente” como afirman en su carta? Desde mi infancia aprendí que mi patria es España. En ella he crecido, en ella vivo y en ella espero morir, si Dios quiere. No estoy en absoluto, por la labor de establecer nuevas fronteras, sino más bien por derribar muros y mugas que nos separan.
Tienen la desfachatez de señalarme algunas tareas, como por ejemplo, “poner nombre vascos a los que se bautizan”. Señores míos, ¿de verdad que hablan en serio? ¿Estarían dispuestos a aceptar que el cura pusiera el nombre a sus hijos? No me lo puedo creer. Para darle consistencia a tan absurda proposición citan “el comportamiento ejemplar de muchos curas patriotas”. Yo pensaba que este leguaje obsoleto y arcaico y este afán por promover “iglesias patriotas”, sólo se daba en la extinta Unión Soviética y en los países de su órbita comunista, sin excluir la china de Mao Tse-Tung. Esto me suena a manual de Marxismo-Leninismo para principiantes.
Finalmente, su atrevimiento llega hasta “pedirme, también, el voto para H.B. ¡Qué más da cómo nos llamen los fascistas”… Pues va a ser que no. Sería lo último que se me pudiera ocurrir. ¿Cómo voy a votar por quiénes no son capaces de condenar la violencia que asesinó indiscriminadamente, y no sienten ningún escrúpulo al profanar los humildes monumentos que el pueblo exige en recuerdo de las víctimas del terrorismo, cómo acaba de suceder en Berriozar con el monumento a Francisco Casanova a quién me correspondió enterrar? Es como volver a asesinarlo de nuevo. De verdad que no me resulta ilusionante colaborar con sujetos de semejante catadura moral.


Domingo Urtasum, párroco de Mendavia


+Capuchino de Silos

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