sábado, 16 de enero de 2010

Encuentro

Temiendo del frio de aquél invierno tan gélido, se acurrucó envolviéndose en la pelliza de lana por alguien olvidada; se calzó unas botas altas para la lluvia y el fango y corrió hasta encontrarse con alguien que años atrás había conocido y que acababa de llegar de un largo viaje. Se perdió por aquellos tortuosos caminos por culpa de su vista, pero disponía de tiempo necesario para no hacerle esperar. Habían pasado los años y ansiaba el encuentro del pasado.


A su llegada y al verse abrigados, sintieron el deseo de arrebatarse mutuamente lo que les proporcionaba ese calor que tan feliz les hacía ese momento. Sólo cayeron lágrimas de sus ojos.


No quiero huir, le dijo, pero quiero que me enseñes el camino para no perderme de nuevo.
Entregando su voluntad a la tristeza, huyó.


Pasaron muchos inviernos gélidos como aquél, y su vista fallaba más cada día. Y temió no volver a ver los prados vestirse de color nunca más, para colmar de satisfacción su alma, como tantas otras veces sintió en aquél hermoso lugar.


Pero como cada año, se llenaron de sensaciones nuevas sus praderas; tantas, que aún estando completamente ciega, le acompañaron un sinfín de ellas que la naturaleza le brindaba cada día.


Estaba tan cansada y agotada que dejó de escribir en el ordenador. Sacudió el pelo en ademán de dejar de pensar en “Encuentro”, su última novela.

+Capuchino de Silos


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